Cada vez se hacen más comunes las sobre la mala calidad de servicio de las redes móviles en América Latina. Ante esta situación, es fácil verse tentado por la simplificación de los hechos utilizando argumentos nacionalistas para explicar las razones por las que una empresa sufre de problemas de congestión de tráfico: simplemente, no invierte lo necesario en el país. En otras palabras, las dificultades en calidad de servicio que un usuario puede experimentar se reducen al deseo de explotación de un extranjero inescrupuloso a quien no le interesa el desarrollo del país.
La realidad es un poco distinta. El origen de los problemas de congestión o falta de cobertura que un móvil latinoamericano puede experimentar es muy dispar por diferentes razones, que van desde la cantidad de espectro radioeléctrico que ha sido concesionado a los operadores del país hasta la regulación a nivel municipal para la autorización en la colocación de antenas. Por otro lado, el perfil de uso del usuario (mercados donde hay más preponderancia del uso de datos sufren de mayor niveles de congestión), trabas aduaneras para la importación de remplazos y situación económica del país en cuestión son algunas de las variables que impactan el servicio.
Lo que sí se puede mencionar es que, a través de toda la región, se ha observado un en el descontento de los usuarios en relación con la calidad del servicio móvil que reciben de sus operadores. Pero, ante esta realidad, cabe mencionar que no existe un país en el mundo en el que los usuarios no experimenten problemas de calidad de servicio con su operador móvil.
Se puede mencionar Argentina, Brasil y Colombia como los mercados donde las protestas de los consumidores han forzado a los reguladores a tomar acción en contra de aquellos operadores que no cumplen con los niveles mínimos de calidad de servicio establecidos por el gobierno. No obstante, existe el peligro de que los gobiernos tomen las numerosas quejas sobre calidad de servicio como un simple instrumento para ganar popularidad al imponer sanciones a los operadores. La respuesta de los gobiernos no debe limitarse a sancionar sino analizar cuáles son las causas que generan el deterioro del servicio en la región para, de ser necesario, implementar políticas dirigidas a corregir el problema.
El hecho de que la mala calidad de señal sea un problema regional y que sufren en menor o mayor grado todos los operadores debería ser señal de que el deterioro de la calidad del servicio no se reduce a que un operador no invierta lo suficiente en su red.
Dos de las principales razones detrás de las fallas en servicio de casi todos los operadores móviles de la región podrían ser resueltas con una mayor participación de las autoridades regulatorias de los distintos mercados.
Se debe mencionar a los largos procesos para obtener autorizaciones para el despliegue de antenas que permitan descongestionar la red en zonas de alto tráfico. Hay localidades en América Latina donde las solicitudes de los operadores móviles para desplegar nuevas antenas tienen al menos cinco años sin ser atendidas. Además, los gobiernos podrían aliviar los problemas de congestión con una mayor oferta de espectro que facilite e incentive el despliegue de nuevas tecnologías.
Claro que la implementación de solo una de estas medidas no es suficiente: ambas tienen que ser atendidas por los reguladores de la región.



