Por lo visto en el sector de las telecomunicaciones hay empresas muy grandes que no tienen memoria o que la tienen sólo cuando les conviene. Esto viene a colación por la polémica que se generó luego de las declaraciones del Subsecretario de la SCT, José I. Peralta, acerca de que con la nueva reforma de telecomunicaciones México espera inversiones totales por 700 mil millones de pesos en ese sector.
La meta, según el gobierno federal, es incrementar en 300 mil millones de pesos la inversión con respecto a lo que se venía destinando, en buena medida con el apoyo del sector privado.
Pero lo planteado por la administración de Enrique Peña Nieto incomodó de inmediato a altos ejecutivos de Telmex, quienes mantienen su postura de condicionar cualquier futura inyección de dinero a que se les autoricen nuevos planes de servicio, así como su ritmo de inversiones en los últimos años hubiera sido notable o de un alto grado de compromiso con el desarrollo del país.
Según reportes de América Móvil entregados a la Bolsa, en 2011, por ejemplo, la inversión programada para el sector de telecomunicaciones fue de 8 mil 300 millones de dólares. Sólo 19% de este monto se quedó en inversiones en México, mientras que el 81% se fue a Centro y Sudamérica.
Lo más grave es que mientras que en México —país en donde el operador obtiene casi la mitad de sus ingresos— programó mil 600 millones de dólares, en Brasil lo hizo del orden de los 2 mil 500 mdd, y para el resto de América Latina planteó 4 mil 200 mdd.
Es muy claro que el operador dominante de las telecomunicaciones en México invierte con reservas y exporta los beneficios que derivan de la inversión de sus capitales a naciones de Centro y Sudamérica, obviamente porque allá sí enfrenta condiciones de competencia que lo obligan a hacerlo. Dentro del mismo gabinete del presidente Peña Nieto, se dice que no se vale recurrir al chantaje.



