La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) considera inminente la aprobación de la reforma en telecomunicaciones. Su presidente, Tristán Canales, dice que han hecho “una defensa institucional y responsable de nuestros legítimos derechos”. Aun cuando miembros importantes de la cámara no están de acuerdo con algunos contenidos de la nueva legislación, Canales afirma que “una vez más demostramos que somos una industria comprometida con nuestras instituciones y con México”. Dice también que a lo largo del proceso legislativo, “a pesar de quienes apostaban a vernos divididos, ha quedado demostrado que la unidad es el valor más preciado de los industriales de la radio y la televisión mexicanas”. Punto y aparte de la opinión del sector, hay algo que todavía no alcanza a convencer a todos: la creación de un ogro burocrático ―el instituto federal de telecomunicaciones― que tendrá facultades prácticamente omnímodas. Habrá dos nuevas cadenas de televisión, ¿pero a quién serán asignadas? Eso lo resolverá el ogro todopoderoso. ¿Y quiénes serán sus miembros? Los designarán el Banco de México y el Inegi, junto con el instituto de evaluación magisterial, que todavía no se integra, a fin de que no se diga que las concesiones fueron dadas desde “arriba”. Según esto, el banco central, el Inegi y el nonato ente son instituciones autónomas, no reciben órdenes ni del Presidente. Por favor, ahora una de vaqueros.


