Eduardo Pérez Motta y Mony Sacha de Swaan han declarado pública y abiertamente que estarían interesados en quedarse no sólo como comisionados de las instituciones que se modificarán o nacerán después de que la reforma a las telecomunicaciones sea aprobada por 17 congresos estatales.
El primero, incluso, ha dejado entrever que además tiene un cargo internacional que se perdería si dejara de presidir la Comisión Federal de Telecomunicaciones, el otro dice que ahora sí ya cumple con los requisitos establecidos por el Congreso de la Unión.
Hay quienes pueden hablar de que si se van todos los comisionados se perderá la memoria histórica de ambas instituciones y se podría generar una brecha en asuntos que se están dirimiendo. Otros más aseguran que estos temas pueden ser llevados por las áreas operativas y que rápidamente serían comprendidos por los nuevos comisionados que, como se ha dicho, tienen que cumplir una gran cantidad de requisitos.
Es cierto, también, que entre los comisionados hay algunos que todavía tienen encargos muy largos y que la manera de mantener la continuidad sería quedándose con aquellos que, siendo técnicamente aptos, no estén cerca de terminar con sus funciones.
En el caso de los presidentes de la CFC y la Cofetel también es un hecho que antes de las reformas ambos estarían cerca de terminar con sus periodos y Pérez Motta ya no tendría opción de reelegirse.
Así las cosas, bien vale la pena preguntarse qué motiva a estos dos hombres. Al menos por hoy nos detendremos en el presidente de la CFC, quien se ha caracterizado por tener capturados al resto de los comisionados al grado de que se confundía cuáles eran sus opiniones y cuáles correspondían al pleno.
Ciertamente Pérez Motta ha tenido una actitud altamente protagónica y que parecería que su intervención en los ajustes a las minutas que llegaron hasta la exquisitez semántica tienen que ver con un proyecto personal de eternizarse en un cargo.
Lo peor que le puede pasar a una institución, por autónoma que sea, es que su presidente considere que es él o nadie para el cargo. Habrá que esperar para determinar si los compromisos del Pacto por México no llegan al extremo de cambiar todo para que las cosas sigan igual lo que, sin lugar a ninguna duda, sería muy lamentable.
Críticos
No han faltado los que tratan de hacer creer que Ernesto Gil Elorduy abandonó el barco de la Cofetel luego de la reforma. Estaba a dos meses de terminar su periodo y si no lo hubiera hecho en este momento no hubiera podido ser registrado por el PRI de Hidalgo para la contienda electoral que se dará en unos meses en la entidad.
Vamos, con o sin reforma a las telecomunicaciones Gil Elorduy hubiera renunciado a la Cofetel en el último pleno del mes pasado para poder contender por el PRI.



