Cada vez que se habla de inversión en telecomunicaciones, los ojos de la industria se centran en las cifras que ofrecen los proveedores de servicios o los estimados presentados por algunos gobiernos de América Latina. El principal problema que surge de esta escasez de fuentes es la falta de un desglose de la inversión que se hace en cada mercado. Sobre todo, cuando se toma en consideración que el sector de telecomunicaciones requiere grandes montos de inversión para mantenerse competitivo.
Se tiene que aclarar que la inversión anual que hacen los operadores no está destinada en 100% a la expansión y/o modernización de su infraestructura. Aunque este tipo de inversión es sumamente necesaria para la viabilidad de cualquier proveedor de servicios, hay otros rublos que también requieren de inversión continua para que el operador pueda operar de forma rentable. Aquí podemos mencionar varios ejemplos, como la inversión en publicidad o en la subvención de dispositivos que conviertan al operador en una opción más atractiva frente a los ojos del consumidor.
Una tercera perspectiva que puede ayudar a determinar cuánta inversión por parte de los operadores va destinada a la expansión de redes se basa en hacer un relevamiento de la facturación reportada por los principales vendedores de infraestructura para América Latina en el pasado año. De acuerdo con una investigación de Signals Telecom Consulting, seis de los principales fabricantes de infraestructura reportaron cerca de 8,000 millones de dólares durante el 2012 como cifra agregada de todas sus ventas en los mercados de América Latina y el Caribe tanto para operadores del sector público y privado.
Contrario a lo que muchos puedan pensar al ver esta cifra agregada, los 8,000 millones de dólares en ingresos registrados en el 2012 no sólo contabilizan la modernización, reparación y expansión de redes de telecomunicaciones. También se incluye en algunos casos facturación por servicios de asesoría, gerenciamiento y desarrollo de software. En otras palabras, la inversión real en infraestructura es mucho menor.
Ya que por medio de la facturación de los proveedores de infraestructura contamos con un parámetro de la inversión que, si se hace en redes, tenemos que considerar cuáles son las otras áreas en las que invierte un operador de telecomunicaciones que no es contabilizada en esta cifra. En primer lugar, no se incluyen gastos de despliegue de redes (estimados entre 150 y 300% del costo de la infraestructura, dependiendo del área geográfica). En segundo lugar, no se incluye inversión por renovación o adquisición de nuevas licencias, por ejemplo, el monto pagado por un operador por su concesión de espectro radioeléctrico. Y en tercer lugar, no incluye inversión para la comercialización de servicios.
Como se puede observar, hablar de inversión en telecomunicaciones puede significar muchísimas cosas que van más allá de la compra de infraestructura. Las antenas hay que instalarlas y la fibra óptica tiene que ser desplegada (y posteriormente iluminada) para poder ofrecer servicios. Asimismo, los operadores tienen que invertir en la comercialización de sus servicios para ganar nuevos clientes e incrementar los niveles de retención de los que ya posee.
El problema que parece existir en varios mercados latinoamericanos es que los órganos reguladores consideran que los operadores están dedicando la mayor parte de su inversión a la comercialización de servicios e invirtiendo cantidades insuficientes en la compra y despliegue de infraestructura.



