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Tarifas planas de datos: Yoigo abre la caja de Pandora

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Expansión – Ignacio del Castillo

El pasado 3 de abril, MásMóvil, el cuarto operador español de telecos abría la caja de Pandora: presentaba la primera tarifa plana de datos móviles en España. La nueva oferta, contratable inicialmente sólo hasta el 30 de junio (como medida de seguridad), incluye un acceso de fibra óptica de 50 megabits y llamadas y datos ilimitados en el móvil por 99 euros al mes. La oferta puede ser enriquecida con más velocidad en la fibra (300 megabits simétricos por 10 euros más al mes o 1 gigabit por 30 euros más al mes) y con hasta 3 más líneas móviles adicionales, cada una de ellas con voz y datos ilimitados por 9 euros al mes.

Un shock y una amenaza: El nuevo producto ha supuesto un shock para el conjunto del sector, que temía la llegada de este tipo de ofertas, aunque previsiblemente no esperaba que el primer cañonazo en esta guerra procediese de las baterías de MásMóvil. Sin embargo, las tarifas planas de datos se van generalizando en Europa y EEUU y Asia, así que, algo así era previsible tarde o temprano, a pesar de que todos son conscientes de que las consecuencias de estas iniciativas para las cuentas de resultados de los operadores pueden acabar siendo muy peligrosas.

La amenaza para la cuenta de resultados de las telecos de la “planificación” (de tarifa plana) de los datos viene por dos flancos: el primero es una posible saturación de la capacidad de las redes. Si eso ocurriese, los operadores se verían obligados a invertir más, aunque, de rebote,  podrían anticipar la llegada del 5G a España, procurando instalar lo antes posibles los desarrollos y aprovechas las nuevas y abundantes frecuencias que se van a licitar en las bandas de 3,6 a 3,8 GHz. El 5G, como es sabido, es decenas de veces más capaz de transportar datos que las redes 4G. Pero eso también implicaría nuevos esfuerzos inversores.

La dificultad de diferenciarse. Sin embargo, el problema principal es de otra índole. Si la tarifa de MásMóvil tiene mucho éxito, el resto de los operadores tendrá que responder de una forma u otra. Y aunque se resistan y adopten modelos de aproximación al concepto de tarifa plana que les permitan dar rodeos antes de caer de lleno en él -como ha ocurrido con el caso de Vodafone y sus tarifas Pass, que es un intento inteligente y polémico de ponerse la venda antes que la herida, con aproximaciones parciales y por categorías de servicios al concepto de tarifa plana- al final tendrán que acabar claudicando y sacando algo parecido a lo que ha lanzado MásMóvil. ¿Cuál es el peligro, se preguntarán, si partimos de una base de precio de 100 euros para una simple oferta convergente con una sola línea móvil y sin contenidos ni otros servicios auxiliares? Si a eso se le suman televisión y segundas líneas móviles ¿no es un precio de base estupendo para crecer a partir de ahí?, ¿no supondría, en realidad, una oportunidad para aumentar la facturación media mensual (average revenue per account o arpa).

Bueno, quizá ocurriese algo así inicialmente. Pero en realidad se habrían puesto las bases para un potencial desastre. Porque si Movistar, Orange, Vodafone y MásMóvil lanzan, cada uno de ellos, una tarifa plana ilimitada de todo (voz y datos), el verdadero problema va a residir en diferenciar una oferta de otra. Cuando ya no hay letra pequeña, ni ningún matiz, lo difícil para los operadores es buscar el elemento que haga diferente y más atractiva su oferta que la del rival.

Quizá alguno intentase diferenciarse por los contenidos, pero con el auge de las ofertas OTT de HBO, Netflix y compañía, que están disponibles para todos los clientes de todos los operadores, esa diferenciación por contenidos sería cada vez más difícil. El fútbol, a estos precios, podría ser una diferenciación, si alguno de los que están más convencidos de su inviabilidad, como es el caso de Vodafone, renunciasen. Pero sería poco probable ver a Telefónica disponer en exclusiva del fútbol teniendo que asumir el enorme coste global de los derechos españoles y europeos.

Otros, quizá, intentasen poner en valor sus mejores infraestructuras, pero sería un vano esfuerzo. La propia Telefónica, es la única que tiene una red verdaderamente diferencial, ya que su fibra llega a 20 millones de hogares por los 12 millones que tiene Orange. Y disfrutar de fibra frente al ADSL sí que es una diferencia por la que merece la pena cambiar de operador sin dudarlo. Pero su red tiene que alquilarse a los demás, por lo que esa ventaja diferencial se difumina.

Mirando al otro gran servicio, el móvil, ¿disponer de una red móvil más rápida o algo más tupida permitiría a algún operador lograr mantener o atraer a una parte significativa del mercado? No parece muy probable, a no ser que esa red fuera muy considerablemente mejor o más rápida o que las redes de los rivales tuvieran una calidad muy deficiente, algo que no ocurre.

Ni siquiera Vodafone, que durante bastante tiempo ha disfrutado de una red de 4G sustancialmente más potente que la de sus rivales en España, sobre todo en velocidad, gracias a las inversiones de su programa Sprint, ha logrado convertir esa superioridad de red en una gran diferencia a la hora de captar más clientes, porque esas ventajas son de muy difícil apreciación por parte de la inmensa mayoría de los usuarios.

Entonces, si se generalizasen las tarifas planas de voz y datos, las propuestas de los operadores serían idénticas y la competencia sólo tendría una forma de expresarse clara y perceptible por el cliente masivo: bajando precios. Y esa situación llevaría a la temida espiral de precios a la baja, que sabemos como empieza pero no como termina.

Pero no adelantemos acontecimientos, porque, hasta el momento, la contestación de los tres grandes operadores (Movistar, Orange y Vodafone) al anuncio del 3 de abril había sido el silencio.

La respuestita de Vodafone. Pero el pasado viernes 13 de abril, diez días exactos después del anuncio de MásMóvil, Vodafone movió ficha: lanzó Superpass, una agrupación de sus principales ofertas Vodafone Pass, que consisten en dar una tarifa plana de datos sólo para un tipo de tráfico concreto (puede ser video, música, mapas, redes sociales y mensajería). Este Superpass agrupa en un sólo paquete que cuesta 14 euros al mes, los que ya existían para video (con un precio de 8 euros), música (3 euros) y mapas (3 euros). Es decir, el agrupamiento no supone ninguna ventaja de precio, sino más bien de facilidad de contratación. Pero como en buena parte de las tarifas medias y altas de Vodafone ya incluyen, adicionalmente, tarifas planas de redes sociales (Social Pass) y de mensajería (Chat Pass), la realidad es que con la contratación de SuperPass se cubre la mayor parte de los consumos de datos de un usuario, por lo que, en la práctica, casi equivale a una tarifa plana.

Así, y escogiendo un ejemplo de comparación facilitado por la propia operadora, si se opta por una tarifa Vodafone One (de fijo y móvil) con fibra de 50 megabits y un móvil con llamadas ilimitadas y 20 gigas de datos, que ya incluye los Pass  para mensajería y redes sociales (que cuesta 81 euros) y se le suman los 14 euros de Superpass, el cliente tiene algo muy parecido a una tarifa plana de datos por 95 euros al mes -cuatro euros menos que la de MásMóvil– y, además, incluye también televisión.

Igualmente, si se opta por una solución sólo móvil, se puede lograr algo muy parecido a una tarifa plana de datos con un servicio sólo móvil -algo que en MásMóvil no está disponible, ya que sólo se puede contratar junto con la fibra- por 53 euros al mes.

Clima competitivo. Pero quizá lo más importante de la respuesta de Vodafone a MásMóvil no es la oferta concreta -muy limitada en su alcance-, sino al clima competitivo que se ha trasladado oficiosamente al comunicarla y que podría verbalizarse como algo equivalente a un “hasta aquí hemos llegado”. La filial del grupo británico ha querido dejar clara su determinación de mantener siempre sus tarifas competitivas respecto a las de cualquiera. Y eso se puede interpretar como que, si hace falta lanzar una oferta ilimitada de datos, se hará. O sea que esto de las tarifas planas, está empezando a calentarse.

Del wait and see de Movistar… En cuanto a los otros rivales, en el caso de Telefónica se ha optado prudentemente por un “esperar y ver” para comprobar el nivel de éxito comercial que logra la nueva tarifa de MásMóvil. Y es que en el líder del mercado creen que, a 99 euros al mes, si puede captar a algunos heavy users, pero no va a tener una acogida muy masiva.

De hecho, en la historia reciente de las telecos españolas han pasado cosas parecidas. Cuando en marzo de 2015, Yoigo lanzó la primera tarifa Sinfín, con 20 gigas de datos, sus rivales no contestaron inmediatamente y sólo fueron subiendo, muy paulatinamente los bonos de datos de sus ofertas de forma que han llegado a cantidades como 20 gigas bastantes años después.

…Al “me forro igual” de Orange. El caso de Orange es diferente al de Vodafone y al de Movistar, puesto que sus urgencias, incluso en caso de éxito de la tarifa de MásMóvil, serían menores. La razón es que Orange es el gran mayorista de red de MásMóvil tanto en red fija como en la móvil, por lo que una buena parte del éxito del cuarto operador revertiría directamente en el ebitda de Orange vía más ingresos mayoristas.

Los riesgos para MásMóvil. Lo que en cualquier caso parece claro es que MásMóvil ha tomado una decisión que supone un riesgo para ella por varias razones. La primera es ese coste mayorista que se puede disparar. La red de Yoigo llega al 85% de la población. O sea que hay un 15% de la población que cuando usa Yoigo no usa su red, sino la de Orange. Y el resto de los clientes cuando se desplazan a zonas donde no hay cobertura Yoigo. Pero, además, muchísimos clientes de Yoigo, cuando están en zonas de cobertura de Yoigo, están usando, sin saberlo, la red de Orange. La razón es por las frecuencias. Yoigo usa para el 4G sus frecuencias de 1.800 MHz, las más bajas que tiene. Pero Orange usa las de 1.800 MHz y además las de 800 MHz, que penetran mucho mejor en el interior de los edificios. Así, se produce el caso de que cuando se usa Yoigo dentro de casa en muchas ciudades, puede ocurrir que se esté usando, en realidad, la red de Orange. Y eso significa que una parte importante del tráfico de Yoigo -mucha más de la que le correspondería por su cobertura- corre por las redes de Orange. Hace unos años, ese porcentaje de tráfico que se cursaba fuera de la red era de casi el 50%. Ahora ha bajado, según dicen en MásMóvil, pero podría estar alrededor del 30%. Y eso significa mucho dinero en pagos mayoristas a Orange.

El peligro de los datos. Sobre todo, si el consumo de estos clientes de tarifa infinita se dispara. Las cuentas que se hacen en MásMóvil apuntan a que en los países avanzados donde hay tarifas ilimitadas, como EE.UU., el consumo medio no supera los 40 gigabytes al mes. Para España esperan algo menos, entre 20 y 30 gigabytes al mes, y eso, al parecer, está dentro de sus números. Siempre existirá el usuario enganchado a Netflix que les gaste 100 gigabytes al mes y con ese perderán bastante dinero, pero mientras no se generalice no hay problema. Además, por si las moscas se han dejado una válvula de seguridad: pueden matar la tarifa el 30 de junio.

Es verdad que siempre es difícil acabar con una tarifa tan icónica y mediática como ésta, que entre sus principales objetivos tiene dotar de notoriedad a la marca Yoigo. Pero si eso ocurriese, tendría una ventaja para los operadores: sería como una vacuna o un aviso a navegantes porque uno de los operadores ya lo habría probado y habría constatado que por el uso que se le da en nuestro país, no es posible aún una tarifa plana de datos.

El crecimiento ‘tutelado’ de MásMóvil. Pero el de disparar la factura que habría que pagar a Orange no es el único riesgo. Hay otro menos evidente: provocar la ira de sus rivales. Hay que tener en cuenta que, de una forma u otra, el crecimiento de MásMóvil es, en realidad un crecimiento tutelado. Es decir, crece mucho, pero todavía crece porque sus rivales, de cierta forma, le dejan. Si los tres grandes focalizasen mucho más sus recursos al mercado del bajo coste y lanzasen ofertas más baratas y ampliamente apoyadas por sus millonarios presupuestos de marketing, sin duda las cifras de crecimiento de MásMóvil sufrirían. Y si el crecimiento de clientes frenase, el idilio bursátil de MásMóvil (que hoy cotiza a 114 euros) podría desplomarse. Los casi 2.300 millones de capitalización suponen aproximadamente valorar en 10 veces el ebitda previsto para 2018, que es una valoración muy alta, pero compatible con una compañía que crece mucho, pero si el impulso comercial se para…

En cuanto a lo de provocar la ira, muchos creerán que las compañías tienden a comportarse racionalmente. Pero en realidad las compañías están dirigidas por personas y esas personas pueden llegar a tener reacciones del tipo “estos se van a enterar de lo que vale un peine”.

La destrucción mutua asegurada. La razón por la que en MásMóvil están más o menos tranquilos frente a la hipótesis de que sus rivales se enfaden en serio es que, siempre, siempre, en una hipótesis de guerra de precios declarada en España, Movistar, Orange y Vodafone destruirán mucho más valor y capitalización en sí mismos de la que le harán perder a MásMóvil. Aqui se aplica el concepto de “destrucción mutua asegurada” vigente ante el peligro de una guerra nuclear entre EEUU y la URSS durante la guerra fría. Porque, ¿cuánto podría costar en la capitalización de 42.000 millones de euros de Telefónica el que se declarase una guerra de precios en España, su principal mercado y su principal fuente de caja? Sólo con que cayera un 10%, supondría casi el doble de todo el valor bursátil de MásMóvil.

De hecho, esa es la razón por la cual ese “crecimiento tutelado” de MásMóvil continua y previsiblemente continuará de forma aterradoramente inexorable para los rivales del challenger. Porque para hacer verdadero daño al cuarto operador, los tres grandes se tendrían que pegar un tiro en el pie. Pero un tiro muy gordo.

Bandera blanca preventiva. Y de todas formas, MásMóvil se ha tomado la molestia de mandar claros mensajes a sus rivales de que, aunque se haya pintado la cara con pinturas de guerra, el show es más para las cámaras que otra cosa y no ha empezado a blandir el tomahawk. El día 2 de abril, que muy significativamente era la víspera de anunciar la tarifa plana, MásMóvil subía sus tarifas, aunque sin mucho ruido.

En realidad, las suben a su estilo, es decir, ofreciendo nuevas tarifas, con más datos, pero más caras, a los nuevos clientes. A diferencia de sus rivales, no obligan a los clientes a asumir las subidas de precios, y éstos pueden mantenerse en los precios antiguos, pero siguen siendo su versión de “más por más”. Así, en sólo móvil pasaron de llamadas ilimitadas y 2 Gb de datos por 16,90 a 3Gb por 19,90, o sea 3 euros más. Y de 4 Gb por 19,90 a 5 Gb por 21,90, 2 euros más. Lo mismo pasó en las ofertas convergentes: en vez de una fibra de 50 megabits y 4 Gb de datos en el móvil por 39,89 euros, se pasaba a 3 Gb en el móvil por el mismo precio; y para llegar a 5 Gb en el móvil ahora hay que subir hasta 41,89 euros, dos euros más.

En resumen, Yoigo ha abierto la caja de Pandora, de las tarifas planas de datos pero con cuidadín, a 99 euros y sólo con convergencia. Nada de ofertas muy agresivas de sólo móvil. No quiere una guerra abierta y lo demuestra subiendo sus tarifas en MásMóvil. Pero el que no quiera una guerra no significa que no la pueda acabar desencadenando, porque a veces, las cosas simplemente ocurren aunque nadie las quiera. Ahora bien, si eso pasa, es lógico pensar que quienes van a destruir más valor son aquellos que más valen, o sea, los tres grandes. Entonces, a lo mejor, con la leche ya derramada, algunos se arrepienten de haber ayudado al challenger a crecer a cambio de muy jugosos crecimientos de ingresos mayoristas.

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Robots, riesgo para 7 millones de empleos en México

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La Razón – Ángeles Aguilar

Territorio no explorado… Hace sólo 60 años hablar de robots resultaba tan fantasioso como discutir sobre el avistamiento de una sirena, enano u hombre lobo.

Sin embargo, en ese corto lapso de tiempo, los avances en mecánica y la comprensión en torno a las nuevas tecnologías, permitió el nacimiento de fabulosos aparatos con la capacidad de sorprender al más incrédulo.
Hoy, los robots son cada vez más comunes en el lugar de trabajo, en especial en rubros como manufactura, extracción de hidrocarburos, el ámbito financiero y hasta en el retail.
Para 2025 se calcula que los envíos mundiales de robots podrían ascender a 45 mil millones de dólares, lo que representará un crecimiento anual del 16%.
Entre los principales competidores en ese mercado existen grandes colosos, como la suiza ABB de Ulrich Spiesshofer, Mitsubishi Robotics a cargo de Masaki Sakuyama y Fanuc de Michael Cicco, entre otras…

Naranja mecánica… De acuerdo con el estudio “Naciones con mayor densidad de robots” desarrollado por el Foro Económico Mundial, del 2015 al 2016 en el orbe el volumen promedio de estas súper-máquinas se incrementó desde 66 unidades por cada 10 mil humanos a 74.
En esa tesitura, Corea del Sur es la que lleva la voz cantante con 631 robots por cada 10 mil trabajadores de carne y hueso. A esa nación le sigue Singapur, con 488 Alemania 309, Japón 303 y Suecia 223.
Por su parte, en este lado del mundo la automatización también es una realidad. En EU la densidad de estos aparatos asciende a 189 por cada 10 mil empleados.
Asimismo, en México a pesar de que nos encontramos por debajo del promedio mundial, la cifra es cercana a los 31 gigantes de hierro por cada 10 mil personas…

Hombres máquina… La era de los robots traerá consigo nuevas oportunidades. Se calcula que 9% del empleo en el 2030 será en nichos que aún no se han desarrollado.
Sin embargo, el acelerado avance a favor de la productividad y la eficiencia también traerá consigo un sinnúmero de retos para aquellos que se ocupan en áreas de bajo nivel de especialización.
Se calcula que en la próxima década, por lo menos un tercio de la fuerza de trabajo podría automatizarse en cerca del 60% de los sectores económicos. Es decir, que en el planeta unos 375 millones de personas, 14% de toda la mano de obra, deberán plantearse un cambio de carrera. En EU, más allá de las políticas proteccionistas para mantener los empleos, la realidad es que en los próximos años los aparatos podrían tomar el puesto de 54 millones de manos humanas.
Por su parte, aquí en México se estima que la cifra de salida será cercana a los 7 millones de individuos hacia el 2030.
Así que como ve, pronto presión cibernética para el mercado laboral…

 

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COLUMNISTAS

Errores de Segob, daño a la niñez

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Reforma – Clara Luz Álvarez

La Secretaría de Gobernación ha perdido una y otra vez los amparos respecto a los lineamientos de criterios de clasificación de contenidos audiovisuales que expidió en 2015 y luego en 2017, mismos que fueron impugnados -por razones diametralmente opuestas- por TV Azteca y por madres de familia y organizaciones de la sociedad civil. Mientras los amparos ciudadanos aún les queda un largo camino por recorrer, hoy TV Azteca ya ganó en definitiva y Segob no le puede aplicar diversos lineamientos. Pero, ¿por qué esto puede ser la estocada final contra la niñez mexicana?

Las clasificaciones de películas, series y demás programas buscan la protección de niñas, niños y adolescentes (NNA), asociándose a determinados horarios cuando es en TV abierta. NNA están desarrollando su personalidad y sus habilidades cognitivas, por lo que la TV incide fuertemente en sus comportamientos e identidad. La niñez mexicana destina en promedio 4 horas con 34 minutos diarios a la TV abierta (Instituto Federal de Telecomunicaciones). Sin embargo, la Subsecretaría de Normatividad de Medios a cargo de Andrés Chao hizo todo lo posible por hacer las cosas en contravención del interés superior de la niñez, porque en sus lineamientos redujo dramáticamente los horarios de protección a ésta lo que permite que se difundan programas con violencia y se incluyan alimentos y bebidas chatarras como publicidad en horarios de audiencias infantiles. Y cuando el Primer Tribunal Colegiado especializado en telecomunicaciones solicitó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajera el primer caso contra los criterios de Segob por la afectación a los derechos de la niñez, la Segunda Sala se negó lisa y llanamente.

Segob nada justificó de por qué deben existir las clasificaciones para adultos C (9 pm-6 am) y D (12- 5 am) con horarios distintos, y TV Azteca fue amparada. Primero porque Segob presentó extemporáneamente su informe justificado, así que es como si ni se hubiera defendido. Segundo y peor, el Juzgado 14º de Distrito y el 11º Tribunal Colegiado de Circuito en materia Administrativa del Primer Circuito, con un discurso de libertad de expresión elegante y con referencias genéricas a la experiencia internacional, compraron la idea que “sólo” se trataba de programas para adultos. Gravísimo error y mostró ignorar la realidad mexicana, porque el IFT tiene estadísticas que prueban que las NNA acceden más a la TV abierta entre las 20 y 22 horas.

La miopía de estos juzgadores de dejar fuera de su evaluación a las audiencias infantiles, tuvo por consecuencia que el amparo ganado por TV Azteca la exima de las clasificaciones B y B15 (adolescentes), C y D (adultos), así como de las franjas horarias de protección. También se le permite difundir en horarios de audiencias infantiles, publicidad o avances de los programas para adultos, ¡el mundo al revés!

Así que si TV Azteca ahora difunde narcoseries, programas de delincuencia organizada y consumo de sustancias ilícitas desde a las 9 pm, está en su derecho gracias a la negligencia de Segob y a los amparos que perdió. Porque -a decir de estos juzgadores- si no le dieran el amparo a TV Azteca impedirían el acceso y difusión de ideas “en el contexto actual del País”, ¿y dónde quedan las NNA?

Los amparos ganados por TV Azteca tienen el efecto de que se les inapliquen los lineamientos y “conmina” a Segob a atender los razonamientos del juez federal. Segob tiene 3 alternativas: (1) sacrificar a las audiencias infantiles, modificando los lineamientos para seguir protegiendo la “libertad de expresión” de las televisoras en perjuicio de NNA; (2) nadar de muertito, dejando de aplicar a TV Azteca lo que dice la sentencia de amparo; o (3) la ideal que sería enmendar todos los errores cometidos en este sexenio por la Segob en perjuicio de la niñez mexicana en cuanto a programas radiodifundidos, y convocar a través del Sistema Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) para realizar una consulta amplia con sociedad civil, radiodifusores e investigadores en temas de audiencias, para expedir los criterios de clasificación y horarios de difusión que cumplan con el principio del interés superior de la niñez. ¿Por cuál optará?

*claraluzalvarez@gmail.com @claraluzalvarez claraluzalvarez.org

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COLUMNISTAS

Tendencias audiovisuales

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La Razón – Eduardo Ruíz Vega

El crecimiento exponencial y sostenido que han tenido las plataformas para el consumo de contenidos en línea, conocidas como OTT (over the top), como Netflix, Clarovideo y Amazon Prime, por mencionar algunas, es innegable.

De acuerdo con cifras dadas a conocer por un diario de circulación nacional, la semana pasada, basadas a su vez en los datos del regulador de las telecomunicaciones de nuestro país (IFT) y de la consultora The Competitive Intelligence Unit (CIU), los suscriptores de plataformas OTT, al cierre de 2017 sumaban en México alrededor de 7.7 millones; mientras que los usuarios de la televisión de paga alámbrica llegaron a los 9 millones.  Otro rubro de esta ecuación, relativo a los suscriptores de televisión de paga satelital, o DTH, encabezó la tabla, con alrededor de 10.7 millones de suscriptores.

El fenómeno de las OTTs, abordado en diversas ocasiones en este espacio, aparece sin duda alguna, como un evento disruptivo para los mercados tradicionales de consumo de contenidos audiovisuales en México y otros países.  Su escenario más extremo, que ya está sucediendo principalmente en Estados Unidos, se traduce en la sustitución completa de esta modalidad de consumo en línea por el de las redes tradicionales de paga, acción, o más bien, decisión de los consumidores, a la que se ha denominado “cortar el cable”.

Bajo el escenario señalado en el párrafo anterior, ciertos tipos de usuarios deciden cancelar su servicio de televisión de paga para consumir, exclusivamente, los contenidos que les interesan a través de las OTTs. En otras palabras, se elimina el buffet audiovisual que ofrecen las compañías tradicionales por un servicio a la carta en su máxima expresión.

Muchos son los factores, sin embargo, que resultarían necesarios para la configuración mayoritaria del escenario extremo al que nos hemos referido. La decisión de cortar el cable y migrar por completo a una realidad en línea está relacionada, por ejemplo, con los hábitos de los consumidores; la penetración y dispersión real de servicios de banda ancha asequibles para la población, indispensables para soportar con calidad el funcionamiento de las plataformas OTT, así como la amplitud, y oportunidad, de la oferta de contenidos en línea versus los contenidos ofrecidos a través de las plataformas tradicionales.

El último de los factores mencionados, el relativo a la oferta de contenidos a través de las plataformas OTTs, es el más crítico para satisfacer a muchos usuarios.  Lo es, ya que la oferta de contenidos, la o las plataformas en que los mismos se difunden, así como el tiempo o ventana para acceder a los mismos, son condiciones determinadas por los propietarios de los derechos de autor correspondientes.  Es así como los grandes estudios cinematográficos que invierten en producciones multimillonarias durante años han preservado el negocio de la exposición de sus obras en salas de cine, controlando la ventana de exposición por regiones o países, y también por plataformas. Si las grandes producciones cinematográficas pudieran verse simultáneamente en el cine, y en plataformas de paga en casa, tal vez estas salas hubieran empezado a cerrar sus puertas, en lugar de continuar creciendo.

Algo similar, por el momento, está ocurriendo entre las redes tradicionales y las OTTs, al grado de que las últimas han empezado a producir sus propios contenidos exclusivos para tratar de contrarrestar este efecto y adquirir así una base más amplia de suscriptores.  En suma, la repercusión y tendencias que las OTTs están generando son claros; no así, al menos en el mediano plazo, si esto mismo dará lugar a una reconfiguración total del mercado.

*Analista en Telecomunicaciones

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