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Internet: derecho fundamental y mecanismo de control democrático

- 13.07.2017, 16:01
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Derechos y control del poder

Desde sus orígenes, el constitucionalismo surgió como una corriente teórica y práctica en contra de los abusos de los poderosos.

Históricamente, esta corriente de pensamiento ha adoptado distintas expresiones derivadas de desasosiego producto del ejercicio arbitrario de los gobernantes.

Uno de los más recientes ciclos del constitucionalismo lo representa el modelo de democracia constitucional que surgió en Europa como consecuencia de las atrocidades cometidas por Adolfo Hitler y sus secuaces.

Hasta ese momento, la democracia se identificaba con el poder de la mayoría. Un proyecto de ley se vota y se obtenía la mayoría, esa propuesta se convertía en realidad.

Se partía, bajo la concepción liberal, de que la ley era la expresión de la voluntad de “todos” sin importar lo que manifestaran las minorías.

Bajo el manto “mayoritario”, en la época de predominio nazista, en 1935, el Parlamento alemán aprobó las llamadas “Leyes de Nuremberg”. Dichos ordenamientos fueron fruto de un proceso democrático que logró un consenso unánime. Sin embargo, el contenido de esas normas era aberrante. Legalizó la práctica del exterminio al considerado “enemigo” en turno.

Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, los países vencedores exigieron a los vencidos ciertas garantías para que no volviera a ocurrir el genocidio y otros tratos crueles.

A raíz de ello nace, por una parte, el neoconstitucionalismo y, por la otra, la universalización de los derechos.

El nuevo y más avanzado modelo de organización política y jurídica pondría en el centro la dignidad de las personas.

Por eso los derechos humanos se constituyen como las más excelsas técnicas de control y limitación del poder en general.

Antes se aludía a los derechos humanos como freno al poder público pero ahora también se consideran como limitantes de los poderes privados.

Internet

Hace más de 70 años que la progresividad de los derechos humanos comenzó su carrera.

Ahora en el siglo XXI, de manera sorprendente, se han configurado derechos que hace algunos años era insospechado que se desarrollarían.

A partir del desarrollo tecnológico, se ha construido un conjunto de derechos relacionados e identificados dentro de una nueva era, en donde las telecomunicaciones se han erigido como su eje central.

En ese marco, de una manera muy destacada, ha sobresalido la Internet.

Según el Diccionario de la lengua española, “Internet” es la “red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación”.

En los recientes años, la Organización de las Naciones Unidas ha marcado el gran relieve que implica internet desde la perspectiva de los derechos.

Frank La Rue, a la sazón Relator Especial en la Promoción y Protección del Derecho a la Libertad de Opinión y Expresión de Naciones Unidas, en uno de sus reportes asentó la trascendencia de Internet como derecho universal pivote en la consolidación de varios derechos fundamentales y respecto del combate contra las desigualdades.

En efecto, en torno de la idea de Internet giran varios derechos: los que corresponden propiamente a la red, como el derecho a su acceso, el ejercicio de la libertad de expresión y opinión que le es inherente, así como otros derechos que gracias a internet se expanden, como el derecho a la educación y distintos derechos económicos, sociales y culturales.

El acceso a Internet va de la mano del desarrollo de las telecomunicaciones y de las Tecnologías de la Información, es un derecho fundamental que paulatinamente se ha convertido en valor fundamental de las democracias más avanzadas, al grado de que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ha declarado, en particular del derecho de acceso a Internet, como un derecho humano inalienable.

El derecho de acceso a Internet

Puede parecer paradójico que la reivindicación del derecho fundamental de acceso a Internet, el cual encuentra como presupuesto básico para su realización la necesidad de importante infraestructura y progreso económico, se enfrenta a la situación lacerante de pobreza en la que está inmersa la mayoría de la población mundial.

En el caso de América Latina y el Caribe, es mucho lo que falta para el acceso a Internet. De acuerdo con el Informe Estado de la banda ancha en América Latina y el Caribe 2016 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), poco más de 40 por ciento de los hogares de estas regiones se encontraba conectado a Internet. 

Justamente, en la medida en que las personas cuenten con un dispositivo móvil o un ordenador tendrán la posibilidad de acceder a la red y, con ello, encontrar un mundo de oportunidades en distintos ámbitos como educación, empleo, servicios públicos, entre otros.

Internet como mecanismo de control democrático

Una de las banderas que ha sido necesario reivindicar frente a los regímenes autoritarios es la relativa a la libertad de expresión.

Los gobiernos autocráticos no sólo no admiten el pensamiento diverso, lo combaten hasta aniquilarlo.

Ahora gracias a la red, muchos ciudadanos formulan sus críticas sin que medie censura previa de por medio.

Las corrientes de opinión pública hoy en día se viralizan. El poder político y los grandes consorcios carecen ya de la capacidad para evitar que una tendencia de opinión se muestre de manera espontánea. Los gobiernos y las empresas tienen el gran reto de articular sus estrategias para legitimarse y vender sus productos a partir de la red en sus distintas plataformas.

La libertad inunda todos los rincones cibernéticos y la fuerza de los usuarios de Internet se ha convertido en el verdadero ejercicio del poder supremo. Aunque teóricamente se ha problematizado y ha perdido consistencia la idea de soberanía, hoy en día podemos hablar de una soberanía popular cibernética, de una expresión que no es de una sola voluntad sino de varias, la cual refleja el pluralismo ideológico que es la clave de las sociedades auténticamente democráticas.  

Frente a la posición de las mayorías, en Internet podemos encontrar las posturas particulares de las minorías.

La diversidad enriquece los sistemas políticos y las opiniones críticas conforman verdaderos controles al poder.

Sin duda, las oportunidades que brinda el uso de la red posibilitan que un mayor número de personas se manifieste libremente, que su voz se levante jubilosa en cualquier rincón del ciberespacio y que la dignidad humana reine plenamente frente a todos y por todas partes.

Modificado por última vez en Jueves, 13 Julio 2017 16:13
Armando Alfonzo Jiménez

Armando Alfonzo Jiménez es constitucionalista y consultor.

 
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