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Cumple Radio Huayacocotla 50 años al aire

La Jornada - Hermann Bellinghausen - 17.08.2015, 07:11
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A estas alturas del universo comunicacional una radio regional enclavada en la serranía puede parecer limitada, pero Radio Huayacocotla, La Voz de los Campesinos, que cumplió 50 años el sábado, ha demostrado ser más que una emisora. La radio comunitaria más antigua del país ha obrado la multiplicación de las voces con tenacidad cotidiana a lo largo de sus varias vidas. Los centenares de indígenas de 12 municipios que confluyeron aquí el fin de semana para conmemorarla saben que, más que una estación de radio, ha sido compañera de sus luchas y sus penas, de sus fiestas y sus triunfos. Es parte de ellos mismos.

Instalada en un pueblo mestizo a 2 mil 200 metros de altura a las puertas de la Huasteca, alcanza centenares de comunidades y ciudades en Veracruz, Hidalgo, Puebla y algunas de San Luis Potosí. Esta región desafía los límites estatales; en sus montes y valles se entretejen pueblos nahuas, otomíes y tepehuas que cada vez más juntan sus luchas y no sólo sus oídos, y logran encontrarse con totonacas y tenek para el resguardo de los recursos naturales; por ejemplo su activa resistencia al fracking para extraer hidrocarburos de sus territorios ancestrales.

La abogada Concepción Hernández, decana en la defensa legal de los derechos humanos y agrarios en las sierras de Veracruz y Puebla, recuerda sus décadas de contar con Radio Huaya, que denuncia la injusticia y acompaña, cuando los hay, los logros de la justicia; es la voz de los que no tienen otro espacio para ser escuchados. Recuerda que en los diálogos de San Andrés, en Chiapas, la experiencia de Radio Huaya fue clave para definir las demandas del movimiento indígena en materia de comunicación. Mismas que serían desoídas por el gobierno.

Eugenio Gómez, de Fomento Cultural y Educativo, el organismo que representa legalmente a la radio, cuenta que hace 25 años, cuando él llegó aquí por primera vez, Radio Huaya la trabajaban mestizos preocupados por concientizar, y las transmisiones eran aburridas; eso sí, tenía todos los discos de Silvio Rodríguez, de Mercedes Sosa, de la canción de protesta. Al paso de tiempo, los indígenas la vuelven voz de sus preocupaciones, sus denuncias y su propia música. Buena parte de las transmisiones son en sus lenguas, incluyendo los estupendos noticieros.

Inició transmisiones el 15 de agosto de 1965, instalada por las carmelitas descalzas para promover la religión católica y la alfabetización. Esa fue su primera vida. Sofía Irene Ortega Simón señala en el estudio Radio Huayacocotla: la voz que escucha (Centro de Estudios Educativos, 2014) que hacia 1973 “el modelo de las ‘escuelas radiofónicas’” devino insostenible. Ocuparon su operación miembros de la Compañía de Jesús en un periodo de aguda politización de esa orden, marcados por el 68 y las reformas de su religión; optaron por los campesinos en una apuesta por la transformación comunitaria. Así, participaron en las luchas y proyectos de los ejidos, y emprendieron la educación popular, exponía Alfredo Zepeda, jesuita que ha laborado aquí más de 30 años, en reciente entrevista con Ortega Simón.

En 1990 se inicia un nuevo ciclo para la Huasteca y la emisora. Fomento Cultural y Educativo decide acompañar una unidad de producción forestal de las comunidades mientras crece la violencia contra éstas. Ese año nace el Comité de Derechos Humanos Sierra Norte de Veracruz que, junto con Radio Huaya ayudará a frenar la ola de violencia. Para el pueblo otomí la violencia de los caciques se desató más, dice Zepeda, pero no fuimos con un plan estratégico hacia los pueblos indígenas, sino por un grito de auxilio para el cual hubo respuesta de mucha gente, y entre otros nosotros.

Hoy opera con 12 trabajadores de planta y algunos voluntarios que realizan servicio social. Es una radio profesional que en 2013, con la nueva Ley de Telecomunicaciones, pasó de ser permisionada a concesionaria social (las otras concesionarias son comerciales). Al evitar etiquetarse como radio indígena, Radio Huaya libró la tutela institucional de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indios (CDI), que busca controlar las radios indígenas desde el Poder Ejecutivo.

Fiesta en las calles

En la calle Revolución, a unos metros de las oficinas de Radio Huaya, todo el día ocupan el estrado, puesto para la ocasión, tríos huastecos, bandas de viento y grupos modernos que no dejan de tocar ante una audiencia tumultuosa, cambiante, que a veces baila. Celebran a la radio que por años ha transmitido la música de todos ellos. La sienten suya. Eso mismo expresan centenares de saludos que llegan sin cesar por teléfono, texto o correo electrónico y son leídos por los locutores que todos conocen en tiempo real. Aquí el tiempo no podría ser más real.

A media cuadra, frente a las instalaciones de Radio Huaya (XHFC 105.5 FM), nahuas de Ojital Cuayo, Ixhuatlán, ejecutan la extática danza montezontini (o montezontli), dedicada al maíz, un derroche de flores en las blusas y faldas de mujeres de toda edad. Las abuelas de Tecalco también bailan, coronadas de palmas y flores frescas, con huipiles portentosos.

En Nueva York siguen esta fiesta centenares de migrantes. Para ellos, Radio Huaya se ha convertido en una nueva clase de puente vía Internet (http://www.fomento.org.mx/radio/) y redes sociales. Actualmente los mensajes cotidianos son trasnacionales. Gracias a la radio, los ausentes no se fueron del todo y la fiesta llega a las calles de Queens, donde radican miles de trabajadores ñuhú y nahuas de por acá.

 

 

 

 

 
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