Viernes, 20 de octubre del 2017
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Xiaomi espera que sus envíos de teléfonos inteligentes alcancen 90 millones de unidades en 2017. Para Lei Jun, CEO de la compañía, estos serían los envíos anuales más altos de Xiaomi. El fabricante chino de smartphones pretende recuperar la posición como mayor proveedor en China en 2020.

En septiembre, Xiaomi envió más de 10 millones de teléfonos inteligentes en toda la región en la que opera.

La compañía ha expandido agresivamente sus ofertas para extender su alcance en varios mercados. Recientemente lanzó su smartphone de gama básica Redmi 5A en China, con una pantalla HD de 5 pulgadas, Qualcomm Snapdragon 425, una cámara trasera de 13 megapixeles y una cámara frontal de 5 megapixeles, a un precio en el mercado local de 599 yuanes (aproximadamente 91 dólares).

 

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Durante la semana pasada, desde ZTE han estado calentando la presentación de su nuevo móvil, el Axon M, con un vídeo en el que varios usuarios mostraban asombro positivo al ver algo que no se enseñaba a la cámara.

Ese algo se ha desvelado esta tarde (martes, 17 de octubre). Si atendemos a los mensajes que acompañan a la presentación, se trata del móvil que estábamos esperando desde hace tiempo: un terminal casi convencional que al abrirse duplica la superficie de la pantalla y lo convierte en una tableta.

Pero no ha sido así. Casi, pero no. El Axon M es efectivamente un terminal plegable por el eje más largo y, en cada una de las hojas lleva una pantalla, pero están separadas por el propio eje, no es una pantalla única.

Sin embargo, desde ZTE apuntan diversos usos que hacen interesante la combinación, más allá de que los que puedan encontrar los usuarios: pantalla dual, extendida, espejo y tradicional.

La primera permite utilizar una app en cada pantalla simultáneamente: consultar el correo electrónico en una y ver Juego de Tronos en la otra, por ejemplo. En el modo extendido la pantalla principal, que tiene 5,2 pulgadas de diagonal, se convierte en una de 6,75 pulgadas con resolución Full HD. La tercera manera de utilizar esta doble pantalla es el espejo. Las dos pantallas reproducen el mismo contenido simultáneamente. ¿Y para qué? Pues, por ejemplo, para mostrar las mismas fotos a un grupo más o menos numeroso. Se pone el móvil en forma de tienda de campaña en el centro del círculo y cada mitad ve la pantalla que tiene enfrente.

Ya habíamos visto otros terminales con dos pantallas, aunque no de la misma manera. El último, fue un equipo de Hisense con una pantalla convencional en la parte delantera y otra de tinta electrónica por detrás. Pero no por ello deja de ser novedoso. A falta de probar el rendimiento de la multitarea en dos pantallas en la vida real, hay que destacar que lo han resuelto en un móvil relativamente delgado, 12,1 milímetros de grosor, y ligero: 230 gramos.

Anuncian que la batería de 3.180 miliamperios le da para 28,7 horas de conversación, pero habrá que ver lo que aguanta con las dos pantallas reproduciendo vídeos o jugando. Tiene un sistema de carga rápida que permite alcanzar casi la mitad de los 3.180 miliamperios en media hora.

El procesador que lleva es el Snapdragon 821 de Qualcomm, un oct acore a 2,15 gigahercios, acompañado de cuatro gigas de memoria RAM y 64 de almacenamiento expandible con tarjetas microSD.

La cámara es de 20 megapíxeles, con una buena luminosidad: F/1,8 y con estabilizador de foto y vídeo y utiliza la misma cámara para selfies. Puede grabar videos en resolución 4K a 30 cuadros por segundo y se ha apuntado al grupo de terminales que tienen sonido Hi-Fi. De momento, se presenta con la versión Nougat de Android.

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La guerra por la Inteligencia Artificial móvil ha empezado. Y promete recrudecerse durante los próximos años. Será, además, una guerra muy diferente de la que hemos conocido hasta ahora, porque no se trata ya solo de aumentar la capacidad de procesamiento de los móviles, sino de un auténtico cambio de concepto que pasa por dotar a nuestros teléfonos de la capacidad de aprender y decidir por sí mismos la mejor forma de funcionar.

Hasta ahora, la batalla había consistido en fabricar procesadores cada vez más pequeños y potentes, CPUs más rápidas, procesadores gráficos más eficientes… chips, en definitiva, que multiplicaran su capacidad de cálculo, su potencia gráfica y minimizaran, al mismo tiempo, el consumo de batería. Pero la Inteligencia Artificial móvil no va de eso. O por lo menos no solo de eso. La potencia sin control no es más que fuerza bruta, y con ella nuestros terminales pueden, sí, realizar millones, o miles de millones, de procesos por segundo, pero seguirán estando ciegos y ajenos al mundo que les rodea.

Ficha técnica Mate 10

Pantalla
5,99 pulgadas ratio 16:9
Dimensiones
150,5 x 77,2 x 8,2 mm
Resolución
Quad HD (2.560 x 1.440)
Chip
HiSilicon Kirin 970 de ocho núcleos (4×2.4 GHz Cortex-A73 & 4×1.8 GHz Cortex-A53) con N.P.U
RAM
4 GB
Memoria
64 GB (ampliables microSD)
Cámara
Trasera dual de 12 + 20 megapíxeles F1.6, zoom híbrido y frontal de 8 megapíxeles
Batería
4.000 mAh
SO
Android 8.0 Oreo

El cerebro humano no puede ni podrá nunca ser más rápido que un procesador convencional a la hora de hacer cálculos, analizar sistemas complejos, hacer estadísticas o calcular probabilidades. Pero puede diferenciar a un perro de un gato de forma instantánea, algo que ningún procesador convencional puede hacer sin antes analizar y comparar miles, o cientos de miles, de variables, combinaciones, formas, figuras y datos dispersos. Un análisis que puede llevar horas y que convierte ese tipo de tareas en algo inviable o, como mínimo, poco práctico para lo que es nuestro uso diario de un teléfono móvil.

Es ahí precisamente donde la IA móvil pone su foco. Porque de lo que se trata es de conseguir que nuestros smartphones sean capaces de «aprender» directamente de su entorno, y de que usen además lo aprendido para tomar sus propias decisiones y ser más eficientes, de un modo que ninguna CPU convencional puede conseguir.

En esta línea, que promete ser la que marque tendencia durante los próximos años, se encuadra lo que es toda una nueva guerra tecnológica que enfrenta ya entre sí a varios competidores. El fabricante de procesadores Qualcomm, por ejemplo, con su reciente Snapdragon 835, el chip que montan muchos de los smartphones de gama alta de este año, afirma que «ya está preparado para la Inteligencia Artificial», y ha conseguido que los móviles que integran su procesador empiecen a lidiar con contenidos de realidad virtual y aumentada. Otros fabricantes de procesadores, como AMD, Intel MediaTek o Samsung, también se han sumado, o están a punto de hacerlo, a esta nueva carrera tecnológica.

Hasta el momento, se podría decir que los smartphones se han beneficiado de la Inteligencia Artificial de una forma indirecta. La IA en la nube, en efecto, es ya una realidad, y sus aplicaciones se multiplican por doquier. Sin embargo, su uso desde un smartphone se ve limitado por problemas como la latencia, la estabilidad de las plataformas o los riesgos para la privacidad. Algo que no sucedería si la IA estuviera no solo en la nube, sino también «embebida» en el propio móvil.

Google, por ejemplo, lleva años trabajando en soluciones de Inteligencia Artificial en la nube, y permite que los móviles disfruten de ellas a través de apps como la popular «Fotos», a la que podemos pedir, entre otras cosas, que nos muestre en pantalla todas las imágenes que tengamos de un objeto concreto (gato, perro, paella, niños…). Otro gigante, Microsoft, desarrolla sistemas de reconocimiento de voz y traducción simultánea basados en Inteligencia Artificial, mientras que IBM sigue perfeccionando su plataforma Watson, un sistema de conocimiento global capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural, de realizar análisis y de relacionar datos de una forma que hasta ahora parecía imposible. Todo ello, sin embargo, muy difícil de implementar en un «smartphone».

Con la IA en pleno desarrollo en la nube, había que dar un paso más, que era llevarla, también, al «cerebro» interno del propio móvil, y eso es exactamente lo que hizo Apple en la reciente presentación de sus nuevos iPhone 8, 8 Plus y X. La firma de la manzana, en efecto, presentó junto a sus nuevos móviles el procesador A11 Bionic, el primero de la compañía que integraba un «procesador neural» capaz de analizar su entorno y reaccionar en consecuencia.

En las pruebas de rendimiento, el nuevo chip destrozó, literalmente, a toda su competencia, con más del doble de rendimiento y solo la mitad de consumo de batería que los demás. Apple utilizó la recién adquirida «inteligencia» de su iPhone para mejorar las prestaciones de la cámara, la velocidad y el consumo energético, pero sobre todo para presentar al mundo un nuevo sistema de reconocimiento facial, Face ID, totalmente diferente a lo que existía hasta el momento.

Los de Cupertino, sin embargo, no han sido los únicos que han decidido llevar la IA al móvil. Y con apenas unas semanas de diferencia, la multinacional china Huawei acaba de presentar al mundo su nuevo Mate 10, el primer móvil Android con Inteligencia Artificial incorporada y unas prestaciones, según fuentes de la multinacional china, que empequeñecen a las del iPhone 8.

A finales de Agosto, Huawei ya presentó en la feria IFA, en Berlín, su nuevo procesador Kirin 970, el primero que, junto a los habituales CPU y GPU, cuenta también con una Unidad de Procesamiento Neuronal (NPU). Fabricado con tecnología de 10 nanómetros, el nuevo procesador condensa 5.500 millones de transistores en apenas un cm. cuadrado, y gracias a su NPU, multiplica por 25 el rendimiento de otros procesadores, con un consumo de energía 50 veces inferior. Si le preguntamos a alguien cuál es el dígito número 100 del número Pi, nadie lo sabría, mientras que una CPU convencional respondería de inmediato. Pero si le preguntamos «¿Es esto una mesa?», la CPU se pondrá durante horas a comparar formas, ángulos y figuras antes de contestar. Un humano, por el contrario, lo hará de inmediato. Nuestro cerebro es un auténtico procesador de conocimientos, y la NPU también. A partir de datos históricos (experiencias) de las que va aprendiendo, la Unidad de Procesamiento Neuronal es capaz de predecir, sacar conclusiones y decidir la mejor forma de actuar.

Ni qué decir tiene que el Kirin 970 es el procesador elegido para el Mate 10, el nuevo buque insignia de la compañía, presentado oficialmente hoy en Múnich ante 2.000 periodistas de todo el mundo. Según explicó a ABC Baofeng Zhang, vicepresidente de Ingeniería de software de Huawei, «La inteligencia es la habilidad de aprender, entender y formarse juicios y opiniones. Creo que los móviles pueden hacer todo esto. Existe una inteligencia individual y una colectiva. Y la inteligencia móvil es la suma de la inteligencia en la nube y la inteligencia del propio móvil. Si abres la cámara de un móvil durante 24 horas seguidas, captará un montón de escenas. Puedes procesar esas escenas en la red, pero será un proceso largo y muy costoso en conexiones. Pero si las procesas en tiempo real, dentro del propio móvil, todo será más rápido y económico, y usarás mucha menos energía. Los móviles necesitan percibir los entornos en los que están, comprender lo que ven y actuar en consecuencia.»

En palabras de Zhang, el nuevo procesador del Mate 10 «equivale al cerebro de una avispa», y es capaz de reconocer 2.005 imágenes por minuto, frente a, por ejemplo, las 75 que reconoce un Samsung Galaxy S8 en el mismo periodo de tiempo. Su velocidad, pues, es más de 20 veces superior a la de una CPU convencional. El Kirin 970 puede analizar hasta 300 fotos en 6 segundos, un trabajo que a una CPU convencional le cuesta 120 segundos.

¿IA para qué?

No es de extrañar, pues, que una de las principales aplicaciones de Inteligencia Artificial del Mate 10 se de en el campo de la fotografía. El teléfono, en efecto, es capaz de reconocer lo que tiene delante nada más abrir la cámara: un rostro, un paisaje, un animal, comida, un sujeto en movimiento, una escena nocturna… y configurar automáticamente todos sus parámetros en milésimas de segundo para obtener, en cada ocasión, la mejor foto posible. El teléfono, además, tiene la capacidad de ir aprendiendo a medida que lo utilizamos, de forma que no responde nunca a una configuración preestablecida, sino que la va modificando según sean sus propias «experiencias». El Mate 10 reconoce, por ahora, 13 tipos diferentes de objetos o escenas, y reacciona en consecuencia al detectar cualquiera de ellos. Para alcanzar este conocimiento de base, que viene incluido de fábrica, cada smartphone ha sido «alimentado» con más de 100 millones de fotografías.

Dotado con una doble cámara principal (una de 20 megapixeles monocroma y otra de 12 megapixeles en color), tiene además una apertura de f/1.6, lo que le permite captar mucha más luz en escenas nocturnas o poco iluminadas.

Otra de las posibilidades del procesador del nuevo Mate 10 es lo que Baofeng Zhang llama «visión computerizada en tiempo real», o realidad aumentada enriquecida, que viene a ser la posibilidad de obtener información complementaria sobre una fotografía, o sobre lo que vemos a través de la cámara del móvil. Gracias a la IA, en efecto, el móvil podrá decirnos qué edificio es el que tenemos en pantalla, o qué obra de arte o personaje. Para ello, y sin que nos demos cuenta, el móvil irá descargando imágenes (a razón de 2.005 por minuto) para compararlas con la que tiene delante. De la misma forma, también será capaz de reconocer con precisión cualquier texto que aparezca en pantalla y transcribirlo o traducirlo a cualquier idioma gracias a una aplicación desarrollada ex profeso para este teléfono por Microsoft. Su precio es de 699 euros y de 799 en su versión Pro, mientras que la edición Porsche design vale 1.395.

El Mate 10 también utiliza la IA para maximizar su rendimiento y duración en el tiempo. Después de un año de uso, en efecto, el rendimiento de cualquier teléfono móvil habrá caído más o menos a la mitad. Sin embargo, el nuevo buque insignia de Huawei conservará intacto el 89% de su rendimiento inicial tras 18 meses de uso continuado. Algo que consigue analizando el comportamiento del usuario con el móvil y adelantándose a los usos futuros, y configurando sus parámetros de la mejor forma posible.

Un análisis similar permite también alargar sensiblemente la vida de la batería, que es de 4.000 miliamperios y cuyo sistema de carga rápida promete, en solo 30 minutos, restablecer un 58 % de batería. El fabricante promete dos Dias de duración de una carga para un usuario “normal”, y más de un día para los “heavy users”.

En cuanto a la pantalla, el nuevo terminal incorpora una Huawei Full VIEW Display de 5,9 pulgadas (2560x1440 píxeles y HDR) y formato 16:9, mientras que la versión Pro crece hasta las 6 pulgadas (OLED, con resolución de 2160por 1080 píxeles), y adopta un formado de 18:9. Su brillo, de 730 bits, garantiza que podremos ver claramente la pantalla incluso a plena luz del sol. Ambos modelos son resistentes al agua, aunque en diferente medida. Así, el Mate 10 cuenta con la certificación IP 53, lo suficiente como para aguantar el tipo bajo la lluvia y el Pro con la IP 67, que le permite permanecer sumergido durante treinta minutos a un máximo de un metro de profundidad.

El terminal, como es habitual en la firma, incorpora Dual Sim, con la novedad de que, por primera vez, ambas tienen conectividad 4G.Con su capacidad de transmisión de datos de 1,3 GB por Segundo, Huawei afirma que estamos frente «al terminal mas rápido del mundo».

El nuevo Huawei Mate 10 incorpora Android 8.0 Oreo y, para sacarle el máximo partido, estrena la octava versión de su software EMUI, especialmente pensada para sacar partido a la inteligencia del dispositivo.

Junto al teléfono, Huawei suministra un cable (USB tipo C por un lado y HDMI por el otro), que permite conectar el terminal a la pantalla y poder trabajar con los contenidos y aplicaciones del móvil como si fuera un ordenador, teclado y ratón incluidos, y sin necesidad de acoplarlo a un Dock.

Para Zhang, «En el futuro, el móvil será nuestro asistente y podrá responder correo, o incluso llamadas telefónicas, por nosotros. Este es el primer paso hacia la creación de un móvil inteligente y que nos comprende».

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El secreto no está ahora en la masa. Está en la salsa que empiezan a recibir algunos de los teléfonos móviles más punteros del mercado, la Inteligencia Artificial. Su introducción ya es un hecho en estos dispositivos. Gracias a estos sistemas, el aparato electrónico más revolucionario de los últimos años sobrepasa a una nueva dimensión cuyo objetivo es doble: cambiar la interacción humano-máquina y «aprender» de nuestros comportamientos.

Todo un desafío para una industria esforzada en cambiar los hábitos de los consumidores. Y Huawei pretende hacerlo posible. Su nuevo terminal, el Mate 10, viene precedido de ese impulso en acercarse a la mente humana. Lo que hace posible esa «inteligencia» es su potente corazón. Llamado Kirin 970 es, sobre el papel, uno de los procesadores más avanzados del mercado.

Con ello se convierte, de facto, en el primer «smartphone» en contar con un sistema de aprendizaje neuronal. El chip está fabricado con 8 núcleos en la CPU, 12 núcleos en la GPU y un desarrollo de llamado NPU -Neural Network Processor Unit- que resulta veinticinco veces más potente y cincuenta veces más eficiente en el reconocimiento de imágenes. Con ello se suma a la corriente que propone que la próxima generación de teléfonos móviles sean mucho más inteligentes al intentar emular el sistema neuronal del cerebro humano. En este caso, donde más aplicaciones tiene la IA es en la cámara. Con solo apuntar, por ejemplo, un plato de comida, el sensor fotográfico es capaz de detectar y saber que se trata de alimentos, ajustándose a las condiciones de luz, modo de captura y tipo de disparo para lograr una fotografía más óptima.

Lo que pretende lograr este concepto de «smartphone» es dejar a un lado el comportamiento clásico de los ordenadores -recibir una instrucción y realizarla según su programación- para aventurarse en un nuevo escenario, ajustarse, modificar y devolver una actividad después de ir recibiendo impulsos diferentes. Es decir, «aprender». Grandes firmas del sector como IBM, Apple, Google o Microsoft han trabajado desde hace varios años en aplicar modelos de «machine learning» -aprendizaje automático- y más recientemente «deep learning» -aprendizaje profundo-. La gracia de todo esto es que se cambia el patrón de entrenamiento de las máquinas. Por regla general, un ordenador se comporta en función de su código de programación registrado.

Cambiando la concepción

Con los nuevos sistemas se modifica radicalmente la forma de introducir datos. Se ofrecen supuestos y el propio ordenador alarga respuestas interpretativas. Por capas. Por diferentes niveles, logrando una retroalimentación constante y lograr que las máquinas «aprenden cosas muy complejas», apunta Fernando Corbacho, director general de Cognodata Consulting sobre IA y aplicación del «deep learning».

Es como decirle a la máquina que diga qué observa en una imagen de un gato con un sombrero. Después de analizar otras fotos en las que reconoce la forma de un gato, el sistema acierta a pesar de introducir un elemento diferencial, el sombrero. Todo ello ha cambiado absolutamente la concepción de las máquinas y, pese a encontrarse en unos compases iniciales, auguran un futuro muy prometedor. Corbacho recalca a ABC que una de las virtudes de estas técnicas de «machine learning» es que tienen capacidad predictiva. «Puedes analizar todos los datos recibidos y algoritmos los comportamientos de, por ejemplo, los clientes o de los ciudadanos y anticipar lo que va a ocurrir», considera.

Que cada vez sean mejores

Para ello hay que entender algunas diferenciaciones. Existen tres estadios dentro de la IA, la cual está concebida para hacer «las máquinas más inteligentes». En otro estadio inferior se encuentra el machine learning, pensado para hacer que los ordenadores aprendan. Y luego se halla el deep learning, que se trata de unos «algoritmos más avanzados y potentes que están en la cresta de la ola». Ya se está usando aunque muchas personas lo desconocen. «Cuando hablas pro ejemplo con Siri, cuando hablas por Skype y su función de traducir de un idioma a otro, usa 'deep learning', y se está utilizando en muchos sitios. Es una tecnología que está por detrás y que permite que aprende de ti y de muchos usuarios. Al poder aprender cada vez es mejor y se adapta», insiste.

Su traslado hacia el entorno móvil se encuentra precisamente en una fase incipiente. Concebido y diseñado para resolver operaciones sencillas, la Inteligencia Artificial dentro de un «smartphone» puede ser algo revolucionario. Pero se extiende a todo lo demás, como en los procesos robotizados en las empresas. «Para mí la IA es llegar a un punto en que una máquina toma cualidades de un humano. Ahora mismo, con el Big Data y la cantidad de sonorizaciones, llegar a las máquinas que pueden aprender por sí solas en base a patrones de uso y analizar el comportamiento, es tener una Inteligencia Artificial en todo, en el transporte, en el trabajo...», explica a este diario Manuel Fuertes, presidente de la firma especializada en innovación Kiatt, que trabaja entre nexo entre los científicos y la empresa.

Para poder gestionar ese impulso Apple, precisamente, ha procurado extender sus tentáculos a otro terreno, el de las redes neuronales, en sus terminales iPhone 8 y próximamente el iPhone X. El surgimiento de su nuevo chip, A11 Bionic, viene en respuesta a ese interés creciente. Su resultado es, cuanto menos, sorprendente. «Es importante saber el tipo de planteamiento. Han metido un chip específico para procesar redes neuronales y no deja de ser sorprendente que metan en chips tan potentes para teléfonos que pueden trabajar con deep learning», añade Paco Serradilla, profesor de la ETSI de Sistemas Informáticos de la UPM. Con todo ello, la IA empieza a dejar de ser una mera utopía para ubicarse en nuestro día a día. El móvil, la próxima conquista.

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Un teléfono que fue presentado en la Tailandia Mobile Expo 2017 y que está dando que hablar por su similitud extrema al iPhone X de Apple.

Es una conjución perfecta entre el Xiaomi Mi6 y el iPhone X bajo fabricación tailandesa y con el nombre de iMi X.

Corresponde al  iMI X  que en términos de diseño, cuenta con una pantalla de borde a borde a una relación de aspecto 18:9 y no se ha confirmado si acaso este incluye  escáner facial al igual que el nuevo iPhone X.

El diseño de pantalla completa es también una reminiscencia del iPhone X, con la presencia de biseles reducidos en los cuatro lados e incorpora además cobertura de vidrio como el Xiaomi Mi 6.

El dispositivo viene con una pantalla de 5,7 pulgadas. más  3GB de RAM y 32GB de almacenamiento y que cuenta un una cámara posterior de 13MP y una frontal de 8MP.

Aún no se confirma que procesdador ofrecerá.

El iMI X también viene con una versión de 4GB de RAM y  64GB de ROM, con una cámara posterior de 16MP y una cámara frontal de 13MP para selfies.

El iMI X de 3GB de RAM tiene un precio de solo US$150, mientras que la versión de 4GB de RAM sube a los US $180).

El dispositivo viene igualmente con una edición de Wisdom Limited, así como una edición de Vin 3X con especificaciones ligeramente diferentes. Todas las versiones cuentan con una capa llamada iMI UI basada en Android 7.0.1 Nougat.

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