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La protección de los datos personales en la era digital

- 31.07.2017, 08:58
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El progreso incesante y sus amenazas

En esta época, como en ninguna otra, los avances tecnológicos parecen interminables. Día a día surgen nuevas aplicaciones y desarrollos informáticos.

Gracias a las tecnologías hoy tenemos la posibilidad de mejorar los sistemas de comunicación, además de que se han generado mayores condiciones para el bienestar individual y colectivo.

Sin embargo, también conviene reflexionar en algunas de las amenazas que acechan esta era digital. Uno de esos riesgos es la vulnerabilidad de los datos personales, es decir, el uso indebido de nuestra información confidencial.

Para muestra basta un botón: la usurpación o el robo de identidad es un fenómeno delictivo que ha crecido de manera alarmante, en especial el concerniente a operaciones crediticias en línea.

Los orígenes del derecho a la privacidad

Andrew Clapham ha identificado como primer antecedente del derecho a la privacidad en 1881, en el marco de un pleito legal suscitado en Estados Unidos de América.[1]

El asunto judicial se sintetiza de la siguiente forma: una persona de sexo femenino presentó una demanda ante el respectivo órgano jurisdiccional por virtud de que fue vista, sin que mediara su consentimiento, en el momento del parto. Una corte se pronunció en el sentido de que se transgredió su derecho a la privacidad en su vivienda.

En 1890, apareció publicado el célebre texto intitulado The Right to Privacy, cuyos autores fueron los abogados Samuel Warren y Louis Brandeis, y el cual fue motivado por el interés de salvaguardar la dignidad de las personas, de cara al desarrollo de innovaciones de carácter tecnológico, en este caso, las fotografías instantáneas

En efecto, en su opinión, la amplia difusión de las fotografías en los periódicos constituía una perturbación a “´los más sagrados recintos de la vida doméstica y privada”.[2]

Los casos invocados en el ensayo de Warren y Brandeis, fueron los siguientes:

  • Una corte inglesa que emitió un mandato por pérdida de confianza, mediante la cual limitó la circulación de unos grabados de la reina Victoria y el príncipe Alberto.
  • Un juzgador francés que garantizó la privacidad de la familia de una actriz, a través de la prohibición de la distribución de unas imágenes en las que ella aparecía en la agonía previa a su muerte.
  • Un tribunal alemán que había resuelto, a petición de los hijos del “canciller de hierro” Otto von Bismarck, la confiscación de unas fotografías en las que su padre aparecía al borde de la muerte.

Estos ilustres abogados, autores del ensayo citado, en apego a la tradición del common law, lograron definir el derecho a la privacidad como el derecho a no ser molestado [the right to be let alone].

Ya en el siglo XX, la concepción del derecho a la privacidad se expandió y, a finales de los sesenta, Alan Westin, estudioso del tema, consideró que dentro de este derecho también se prevé la facultad de toda persona por controlar su propia información.

Otros autores se han pronunciado por incluir en el derecho a la privacidad la capacidad de la persona por limitar el acceso que los demás tienen por él.

¿Qué áreas protege el derecho a la privacidad?

Fundamentalmente, todos aquellos espacios que corresponden al ámbito privado de las personas, a saber:

  • Domicilio.
  • Comunicaciones.
  • Familia.
  • Cuerpo.
  • Honor, reputación e imagen.
  • Información personal.

Este último punto guarda estrecha relación con el desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

Internet de las cosas

Hoy en día el desarrollo tecnológico ha llegado a niveles que superan en mucho nuestra imaginación.

Frente a múltiples y constantes innovaciones, así como la configuración de complejas aplicaciones, se articula una idea que cada vez más es una realidad palpable: el Internet de las cosas.

Esta idea fue empleada por vez primera en 1999 por el británico Kevin Ashton para explicar “un sistema en el cual los objetos del mundo físico se podían conectar a Internet por medio de sensores”.[3]

Este concepto implica, en términos generales, la conectividad de la red y el potencial de las computadoras, ambos extendidos a objetos, sensores y artículos de uso cotidiano que posibilitan el consumo de datos prácticamente sin la intervención humana.

El confort y la utilidad pública llegaron para quedarse.

Desde la facilitación de procesos domésticos (prendido y apagado automático de luz y utensilios), el mejoramiento de servicios públicos (medición de agua y energía eléctrica a distancia; transporte público automatizado; previsión de tráfico y alternativas de vías terrestres de comunicación; expediente clínico), hasta cuestiones que en otro tiempo hubieran parecido de ciencia ficción (automóviles programados sin conductor, estacionamientos inteligentes).

Grandes ventajas vendrán para todas las personas, empero, no todo es miel sobre hojuelas.

Datos personales: su falta de cuidado representa un alto riesgo para las nuevas tecnologías

Sin duda, el uso de las tecnologías de la información y alguna de sus expresiones como el Internet de las cosas, se nutren sustancialmente de la información de las personas.

Por diversos factores, en esta época de revoluciones técnicas y científicas, el mal de los datos personales nos hace más vulnerables.

La privacidad se convierte en un tema fundamental para el buen éxito del mundo cibernético.

De ahí la importancia de encontrar los mecanismos y las acciones necesarias de protección integral de nuestros datos personales.

Para que las personas nos sintamos seguras en el aprovechamiento de las tecnologías de información es menester que tengamos la certeza de que nuestros datos no serán empleados ilícitamente.

Algunos de los riesgos que nos amenazan en esta materia son:

  • Usurpación o suplantación de la identidad.
  • Abuso comercial de la información personal.
  • Video vigilancia sin consentimiento.
  • Uso electoral de los datos personales sin autorización.
  • Distribución indebida de nuestras imágenes.

Resulta estratégico, para la consolidación de las innovaciones cibernéticas, un fortalecido entramado institucional, un óptimo andamiaje normativo y acciones concretas y eficaces de las autoridades para salvaguardar nuestra información confidencial. El reto es gigantesco.



[1] Para los antecedentes históricos y conceptos principales del derecho a la privacidad, me he valido del reciente y estupendo libro de Diego García Ricci, Para entender el derecho a la privacidad, México, Nostra, 2017, pp. 9-29.

[2]  Ibidem., p. 16.

[3] La internet de las cosas - Una breve reseña. Problemas y desafíos de un mundo más conectado, Karen Rose, Scott Eldridge y Lyman Chapin, Internet Sociaty, 2015, p. 13.

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 31 Julio 2017 09:42
Armando Alfonzo Jiménez

Armando Alfonzo Jiménez es constitucionalista y consultor.

 
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