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TECNOLOGÍA

Estalla la Guerra Fría tecnológica

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El País – Alicia González

A principios de semana, el departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos penales contra el gigante tecnológico Huawei por robo de secretos comerciales, obstrucción a la justicia, fraude bancario y por saltarse las sanciones estadounidenses contra Irán. Acusaciones que pueden dar paso a la extradición a EE UU de la vicepresidenta de Huawei, Meng Wangzhou, retenida en Canadá desde el pasado 1 de diciembre.

Es el último capítulo de un enfrentamiento cada vez más abierto entre EE UU y China a cuenta del desarrollo tecnológico y que ha ido ganando intensidad conforme van pasando los meses. Lo que empezó como los primeros pasos de una guerra comercial entre Estados Unidos y China en 2018, con la imposición de aranceles sobre un número creciente de productos, ha ido evolucionando hasta dejar ver la complejidad de la confrontación entre las dos potencias, donde EE UU ha puesto a las grandes compañías chinas del sector como ZTE, Tencent o Huawei, en el punto de mira de sus acciones. La nueva Guerra Fría es tecnológica.

“La gran diferencia es que 2019 es el año en que todo eso pasa ante el ojo público”, explica Zvika Krieger, director del centro del Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés) en San Francisco y experto en tecnología. “Hasta ahora, solo los conocedores del sector o las autoridades implicadas en estas cuestiones estaban al tanto de esa guerra tecnológica pero ahora el enfrentamiento es abierto”, reflexiona en una pausa entre reunión y reunión en el Foro de Davos. Tanto que la guerra tecnológica se convirtió en el elefante en la habitación de la cumbre de Davos, el tema no incluido en el programa oficial del que todo el mundo hablaba. “El enfrentamiento entre EE UU y China ha surgido en el 90% de las reuniones a las que yo he asistido”, confesaba en la estación suiza Carlos Pascual, antiguo embajador estadounidense y vicepresidente de la consultora de riesgos IHS Markit, que advertía de que algo ha cambiado para siempre en la relación entre las dos potencias. “Incluso si la guerra comercial se resuelve a lo largo de este mes –el ultimátum vence el 1 de marzo—y China promete comprar muchos más productos estadounidenses y abrir el acceso a su economía a la inversión extranjera, la guerra tecnológica no va a desaparecer”, sentenciaba.

Huawei, inmersa en una campaña global de relaciones públicas inédita en sus algo más de 30 años de historia, defiende su independencia de las autoridades de Pekín. “Somos una empresa que es 100% propiedad de sus empleados y cada año nos sometemos a una auditoría de la mano de KPMG”, clamaba su actual presidente, Liang Hua, en un encuentro poco habitual con los medios de comunicación en Davos. Pero resulta difícil imaginar que Huawei o cualquier otra compañía china puedan resistir las presiones de un régimen como el de Pekín, especialmente en aras de la seguridad nacional.

La emergencia de las empresas tecnológicas chinas en la economía global amenaza el dominio que hasta ahora tenían las empresas estadounidenses del sector. Huawei ya ha superado a Apple como segundo fabricante mundial de smartphones, solo por detrás de la coreana Samsung. Más aún, la compañía de Palo Alto, además, ha tenido que rebajar sus previsiones de ingresos por primera vez desde 2001, en pleno estallido de la burbuja tecnológica, por el impacto que la desaceleración china tiene en sus ventas.

Sistemas antagónicos

Las dimensiones de ese enfrentamiento van más allá de lo puramente sectorial y se adentran de lleno en la geopolítica. El modelo Silicon Valley, el Valle de Santa Clara cercano a San Francisco donde la innovación y el desarrollo tecnológico se han apoyado en una abundante financiación privada capaz de asumir riesgos, puede sucumbir ante el modelo Shenzen, la ciudad china que alberga a algunos de esos gigantes tecnológicos crecidos al amparo de la protección estatal, la transferencia forzosa de tecnología de las multinacionales que quieren hacer negocios en el país y cuantiosa mano de obra barata y formada. Son dos modelos contrapuestos, uno basado en la iniciativa privada y otro impulsado por el sector público, de un régimen autoritario, cabe recordar.

Para dar un impulso definitivo a ese modelo, en 2015 el primer ministro chino Li Keqiang puso en marcha el plan Made in China 2025 para dar un impulso definitivo a la industria del país. Tres años más tarde, el presidente Xi Jinping reformuló el plan para convertir a China en una superpotencia tecnológica —en la industria aeroespacial, la robótica, la biotecnología y la computación— en ese horizonte, con un presupuesto estimado de unos 300.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros). Un programa que, como reconoce el propio Consejo de Relaciones Internacionales de EE UU en un reciente informe, representa “una amenaza existencial para el liderazgo tecnológico estadounidense”. Y Washington, de la mano de su presidente Donald Trump, ha pasado al ataque. “Los americanos no van a ceder la supremacía tecnológica global sin luchar y el caso Huawei demuestra que esa batalla ya ha comenzado”, aseguraba en una reciente entrevista Michael Pillsbury, director del centro de estudios sobre China del Hudson Institute y asesor de la Administración de Trump. Pillsbury acaba de publicar un libro sobre el tema La maratón de los cien años. La estrategia secreta de China para sustituir a EE UU como superpotencia global.

“A lo largo de 2018 la competición tecnológica se hizo extremadamente política. Este año, los inversores y los mercados van a empezar a pagar el precio de ese cambio”, advertía a principios de enero la consultora de riesgos Eurasia Group que dirige Ian Bremmer. Para Eurasia, de hecho, uno de los diez principales riesgos para este ejercicio es ese invierno en la innovación derivado de las tensiones entre EE UU y China, que van a obligar al resto del mundo a tomar partido por uno de los dos bandos y que van a provocar un freno en las inversiones y el desarrollo tecnológico a nivel global.

En esta ocasión el freno se puede producir en el desarrollo de las redes móviles de 5G, una tecnología que los expertos definen como cuantitativa y cualitativamente diferente a las anteriores generaciones de Internet móvil y que “va a ser radicalmente distinta a nada que le haya precedido, en términos de la innovación que va a propiciar”, explica Paul Triolo, jefe de Geotecnología de Eurasia Group. Si hacemos caso a la teoría que sostiene que cada revolución industrial ha ido precedida y asociada al desarrollo de una tecnología concreta que cambia la sociedad de forma radical, en el caso de la cuarta revolución industrial esa tecnología es el 5G. El desarrollo de coches sin necesidad de conductor o de ciudades inteligentes, por ejemplo, exige una enorme cantidad de datos, con disponibilidad casi inmediata, que solo las redes 5G pueden hacer posible. “La implantación del 5G es la clave para el desarrollo de la economía digital, el Internet de las cosas y determinará la evolución de la industrial. Es una tecnología en una generación”, sostiene Zvika Krieger.

Es ahí donde hay que enmarcar la campaña emprendida a lo largo del año pasado por las autoridades estadounidenses para persuadir a sus socios internacionales de vetar a Huawei del desarrollo de las redes de 5G. Los integrantes de la alianza de los Cinco Ojos [Five Eyes], un acuerdo de inteligencia firmado por EE UU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, se han comprometido a vetar en sus países al gigante tecnológico chino, líder en el desarrollo de componentes para implantar esas redes, por amenaza a su seguridad nacional. A ese veto evalúan sumarse Alemania, Francia y Noruega por temor a que China pueda llevar a cabo operaciones de espionaje a través de los equipos de Huawei. La británica Vodafone ha anunciado que aplazaría la instalación de nuevo equipamiento de red básica de Huawei en todas sus operaciones europeas, con gran impacto en los países del Este. Previamente, British Telecom había declarado que eliminaría en un plazo de dos años todos los equipos de la empresa china utilizados en la red básica de la operadora móvil. La operadora alemana Deutsche Telekom ha alertado, sin embargo, que esas decisiones pueden provocar una demora en el desarrollo del 5G en Europa, previsto para 2020, de al menos dos años.

“Según ha ido escalando la confrontación comercial y tecnológica entre EE UU y China a lo largo del último año, impulsada por los temores económicos y de seguridad nacional de Estados Unidos y por los ambiciosos objetivos de desarrollo industrial, tecnológico y económico de China, cada decisión asociada con el desarrollo de las redes 5G se ha politizado”, explica Paul Triolo, en su último informe La geopolítica del 5G.

En esas circunstancias cada vez más voces del sector inciden en la necesidad de abordar esta cuestión desde un punto de vista multilateral y supranacional. En el mismo Foro de Davos, la canciller Angela Merkel defendió la necesidad de crear un organismo multilateral, una especie de OTAN tecnológica que aborde tanto las cuestiones de ciberseguridad, como el tratamiento de datos, la ética de la Inteligencia Artificial o la biogenética. “No hay ningún tipo de arquitectura internacional en ese ámbito y no puedo imaginar que cada país vaya en eso por su lado”, aseguró la canciller. “Hemos quedado [Europa] muy a la zaga en el desarrollo de las plataformas tecnológicas pero en cambio la Unión Europea ha sentado las bases para reglamentar el tratamiento de los datos y ese debe ser el rasero europeo para avanzar en la digitalización”, aseguró ante un abarrotado plenario del centro de Congresos.

Merkel se refería a la puesta en marcha del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, en sus siglas en inglés) que entró en vigor a finales de 2018. Una decisión encaminada a proteger el tratamiento de los datos de los consumidores que fue inicialmente rechazada por los gigantes tecnológicos pero que ahora ven como tabla de salvación para recuperar la confianza de los consumidores. “Personalmente pienso que es un fantástico inicio para empezar a tratar la privacidad como un derecho humano. Espero que en Estados Unidos hagamos algo similar y que el mundo avance hacia unos estándares comunes en este ámbito”, confesaba el primer ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, en uno de los debates celebrados en la ciudad suiza. California ha puesto en marcha su propio GDPR pero no hay ninguna iniciativa a nivel estatal en Estados Unidos para garantizar la privacidad de los usuarios y cada vez más voces admiten que en este ámbito no cabe la autorregulación.

“El mercado no discrimina sobre el uso correcto o erróneo de las tecnologías. Por ejemplo, el uso del reconocimiento facial por parte de la Policía de Nueva Delhi ha permitido identificar en apenas cuatro días a casi 3.000 niños desaparecidos. En otros casos, el uso del reconocimiento facial puede utilizarse para invadir la privacidad y con sesgo político”, admitió Nadella. “Apoyamos cualquier tipo de regulación que ayude a que el mercado no se convierta en una carrera hacia el fondo”, afirmó.

Para Krieger, hay cuestiones que se deben abordar sin dilación: “No hay transparencia en cómo se recogen los datos, ni en cómo se usan por parte de las empresas. No se puede monitorizar su uso posterior ni se les puede sacar dinero”. Dos años después de montar el centro del WEF en San Francisco, para este experto tecnológico, que fue el primer representante del Departamento de Estado en Silicon Valley, las empresas son las que tienen ahora más urgencia en establecer reglas claras para su funcionamiento, en línea con la reivindicación de Merkel.

Preocupación añadida

Aunque la canciller tenía en mente la necesidad de proteger la privacidad de los usuarios y de responder a los cada vez más habituales y devastadores ataques informáticos cuando apelaba en Davos a la creación de una OTAN de la ciberseguridad, las empresas tienen otra preocupación añadida. La creación de algún tipo de arquitectura global que haga frente a los desafíos de la nueva realidad tecnológica puede resultar decisivo para evitar lo que los expertos llaman la balcanización de Internet, el temor a una fragmentación de la Red que haga incompatibles unos sistemas con otros. Y el riesgo crece en el actual escenario donde confluyen la confrontación de EE UU y China y el desarrollo de una tecnología disruptiva y revolucionaria como el 5G.

“Un ecosistema del 5G dividido aumentará el riesgo de que la tecnología global se divida en dos esferas de influencia separadas, divididas políticamente y sin posibilidad de que operen entre ellas. Una, impulsada por Estados Unidos y desarrollada tecnológicamente en Silicon Valley, y otra, liderada por China y respaldada por su eficiente red de plataformas digitales”, apunta el informe de Eurasia sobre la geopolítica del 5G.

Una preocupación de primera magnitud para el sector y que Zvika Krieger ratifica. “Lo más preocupante es que la interoperabilidad de la Red se mantenga y ahí el sector público, los Gobiernos, deben asumir la responsabilidad y el liderazgo”. A su juicio, China es la primera interesada en que se proteja la interoperabilidad de Internet y ha mostrado su disposición a cooperar en este ámbito.

Pero no a cualquier precio. En el mismo escenario en el que Merkel había apelado a la cooperación internacional, el vicepresidente chino, Wang Quishan, defendía poco después el modelo chino de desarrollo tecnológico. “Es imprescindible respetar la soberanía nacional y evitar la hegemonía tecnológica, interfiriendo en cuestiones domésticas de otros países y llevando a cabo actividades tecnológicas que minen la seguridad nacional de otros países”, decía al auditorio. “Tenemos que respetar las elecciones independientes sobre el modelo de gestión tecnológica y las políticas públicas que haga cada país y el derecho a participar en el sistema de gobernanza global como iguales”. La Guerra Fría tecnológica sigue en pie.

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PRESS

Expertos en armas autónomas exigen una prohibición para el desarrollo de “robots asesinos”

Elizabeth Salazar

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Expertos en armas autónomas, incluidos profesores de ética y defensores de los derechos humanos, se congregaron en la reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia en Washington, y pidieron una prohibición del desarrollo de armas controladas por Inteligencia Artificial, así lo informó la BBC.

La principal preocupación es que los sistemas de armas autónomos como los drones, puedan terminar reemplazando por completo a los soldados humanos en el campo de batalla, es decir, que los sistemas de armas convencionales tengan autonomía.

El tema a resaltar es si una máquina puede ser responsable de decidir sobre la vida humana.

El profesor de la New School en Nueva York, Peter Asaro, resaltó que “la autoridad de una máquina para matar no está justificada y es una violación a los derechos humanos, porque las máquinas no son agentes morales, por lo tanto, no pueden tomar decisiones de vida o muerte”.

No todos los países apoyan la prohibición, Estados Unidos y Rusia están entre los que se oponen, y este tema parece no llegar a ningún acuerdo, pues la semana de conversaciones en Ginebra no ayudó a esclarecer las diferencias éticas del tema.

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TECNOLOGÍA

La robótica agrícola vivirá un “boom” en los próximos años

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El Economista – Rafael Daniel

La disrupción tecnológica que vive el campo escribe un nuevo capítulo con la robotización. A los invernaderos inteligentes y los tractores autónomos se unen ya robots recolectores capaces de dar el salto de entornos controlados al campo. El sector espera una auténtica eclosión a corto plazo.

En las extensas plantaciones de fresas de California, principal productor de esta fruta tras China, la tecnología española ha resuelto el grave problema de falta de mano de obra que amenazaba a este cultivo. La onubense Soluciones Robóticas Agrícolas -Agrobot- ha desarrollado una cosechadora dotada de brazos robóticos capaz de identificar las fresas listas para ser recolectadas.

La compañía española fue pionera a nivel mundial en el desarrollo de robots recolectores, un campo en el que no sólo empiezan a proliferar los actores, sino que se espera una auténtica eclosión. Fuentes del sector reconocen que durante los dos últimos años se han multiplicado por cinco los proyectos de desarrollo comercial de cosechadoras de distintos tipos de frutas y suman ya 60 ó 70. Abundant Robotics, para las manzanas, o la neozelandesa Robotic Plus, para kiwis, son dos ejemplos destacados. Este año se espera también que haya un boom en Estados Unidos, Europa, Japón y Australia.

La efervescencia de startups en robótica agrícola está produciendo el efecto llamada de las grandes compañías, que buscan un posicionamiento estratégico en la nueva revolución que vivirá el campo. No sólo los gigantes de maquinaria, hasta ahora centrados fundamentalmente en el tractor autónomo, sino también empresas de ingeniería, farmacéuticas para sus divisiones de fitosanitarios y los fondos de inversión han puesto sus ojos en las posibilidades que ofrecen las pymes innovadoras en el desarrollo de robots capaces de hacer todo tipo de tareas.

Tecnología transversal

Uno de los últimos casos es la compra por parte de John Deere de Blue River Technology, que ha desarrollado una máquina capaz de hacer aplicaciones individualizadas de herbicidas a cada planta. Con el pulmón financiero, las estructuras de investigación y la presencia global que aportan las multinacionales, el desarrollo a escala está a la vuelta de la esquina. “Hay que tener en cuenta que se trata de una tecnología transversal. Cuando tienes robots capaces de manipular, visión artificial para reconocer y una plataforma móvil puedes hacer cualquier cosa. Y eso es lo que está ocurriendo, alguien que empieza en el tomate acaba en el pimiento o en el pepino. En dos o tres años las grandes compañías van a liderar esta industria emergente integrando a estas startups”, apuntan en los medios del sector consultados. Y es que el salto generalizado de los robots que ahora trabajan en entornos controlados como los invernaderos al exterior es inminente. “Ya hay algunos ejemplos, aunque no se ven porque no quieren que los veamos”, apuntan.

La principal limitación que existía, reconocer la madurez de la fruta en condiciones de luz continuamente variables, se está superando. Las tecnologías desarrolladas para el coche autónomo para distinguir peatones, coches o semáforos han nutrido los recursos de los investigadores y se disponen ya de sensores fiables y robustos capaces de trabajar en el campo. A la vez se han abaratado enormemente las cámaras en 3D. También se han solucionado los problemas de seguridad alimentaria que suponía agarrar directamente el fruto y transmitir enfermedades al hacerse la captura directamente por el tallo.

En España, el empuje tecnológico ha venido de forma muy importante de manos de algunas universidades. El ingeniero industrial Antonio Barrientos, responsable del Centro de Automática y Robótica de la Politécnica de Madrid, asegura que la robótica agrícola está más desarrollada de lo que se puede pensar. “De hecho se puede robotizar buena parte de la actividad. Hay bastantes experiencias pilotos que validan los desarrollos como para decir que es factible, otra cosa es que ahora sea rentable”, asegura.

Barrientos participó hace cuatro años en el Proyecto Rhea para el desarrollo de robots terrestres y aéreos para cultivos como cereales, olivos en seto. Se hicieron tres tractores de New Holland a los que se dotó de autonomía y en cada uno se puso un elemento diferente para eliminar malas hierbas: uña, fuego y fitosanitarios. Los drones despegaban, recorrían el terreno y los fotografiaban. La información se analizaba para detectar dónde había rodales de malas hierbas. Las coordenadas se daban a los robots, que luego aplicaban el tratamiento. El proyecto aprobó con nota sus objetivos. Ahora participa en otro proyecto europeo, donde el planteamiento es tener un entorno de cultivo en el que todo se reutiliza. Se cultiva en hileras alternas, potenciando que los productos fitosanitarios sean compost y demás. Su contribución está en incorporar ayuda robótica de forma que se detecten las necesidades de cada planta y aplicar el tratamiento que necesite: agua, fertilizantes, etcétera.

Barrientos explica que más allá de las limitaciones legales, la tecnología permite la movilidad de los robots en prácticamente todo tipo de terrenos, lo que hace que la robótica agrícola se preste “muy directamente” a gestionar la agricultura de precisión. “La tendencia ahora es a utilizar robots pequeños muchos más versátiles y orientados a una tarea concreta. No estamos hablando de simples prototipos, hay empresas que están detrás”, afirma.

Sin querer convertir la robotización agrícola en un paradigma “porque es una ayuda más”, Barrientos apunta a las ventajas que puede aportar. “En primer lugar se podría hablar de la necesidad de la optimización de recursos -fitosanitarios, agua, fertilizantes-… Una parte importante en el desarrollo de la agricultura de precisión está en automatizar y robotizar parte de los procesos”.

Ante el reto de alimentar a un Planeta cada vez más poblado, la robotización también puede jugar un papel importante. “Eso puede ser bueno o malo, según los gustos, pero con el argumento de que hay que aumentar bastante la producción agrícola para atender las necesidades de más gente en los próximos años con los mismos recursos, es necesario homogeneizar y garantizar las mismas calidades y la automatización lo facilita”, afirma.

Tareas más creativas

La robotización permitirá también el paso de un tipo de actividad a otra. “Si en vez de tener 50 personas recogiendo fresas, lo hace una máquina, les tendríamos haciendo, quizá con una generación de por medio, tareas más creativas o más gratificantes. No digo que en primera instancia no vaya a haber personas a los que esta automatización no les repercuta negativamente, pero a medio plazo es posible una recualificación profesional”, añade. ¿Iremos a una agricultura sin agricultores? “De entrada no, pero agricultores sin azadón, sin trabajadores en el campo, sí”.

Javier Tardáguila, director de Televitis, un grupo de I+D+i de la Universidad de la Rioja y del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) especializado desde hace 10 años en la aplicación de nuevas tecnologías en el sector agrario, tampoco cree que la robotización nos lleve a una “agricultura sin agricultores”. “Lo que tenemos es que desarrollar herramientas que permitan tomar y aplicar decisiones de la forma más eficiente, pero el factor humano siempre va a estar ahí”, expone. Su contacto de 25 años con el sector vitivinícola ha sido una importante ayuda para el desarrollo de Vinerobot, un prototipo autónomo capaz de monitorizar el viñedo y obtener información a través de sensores sobre el terreno del contenido en nitrógeno a nivel foliar y la composición de la uva. “Uno de los aspectos más interesantes es que se obtiene información representativa, porque muchas veces lo que se obtiene en viticultura es una muestra por una parcela, pero en esa parcela hay miles de individuos. De tener una muestra a 4.000 o 5000 muestras en pocos minutos es un paso importantísimo”, afirma.

Ahora, se encuentran inmersos en otro proyecto de carácter europeo con un presupuesto de más de 2 millones de euros que supone sacar un robot que sea comercializable. “Se han incorporado nuevos algoritmos que permiten que la navegación sea más fiable, sobre todo en los giros, porque no es sencillo, que el robot sea más ágil en cuanto a la tracción en diferentes condiciones de suelo -con cubierta vegetal o laboreos-, y también en sensores, que puedan trabajar en continuo”.

En muchos de los proyectos de investigación tienen una participación directa las empresas. Es el caso de Robotnik, una de las principales empresas españolas en el desarrollo de robótica. La compañía ha desarrollado el Agrirobot y el Vinbot. En el primer caso se trata de una plataforma mediana de alta movilidad con sistema de visión, navegación y localización que transporta un pulverizador eléctrico capaz de realizar tratamientos.

Robotnik: “Hay interés real”

El Vinbot es un robot móvil autónomo todoterreno dotado con un conjunto de sensores capaces de capturar y analizar imágenes de viñedos y datos en 3D mediante el uso de aplicaciones de cloud computing. Su finalidad es determinar el rendimiento de los viñedos. Desde la compañía valenciana, María Benítez destaca “el interés real” que existe por la robótica en la agricultura, aunque reconoce que en este sector es más complicado cambiar las formas de hacer las cosas al ser más tradicional. A eso se une el hecho de que la automatización está muy vinculada a las variables económicas. “La inversión es alta y en el campo los rendimientos son bajos y la obra de mano barata”.

En su opinión, “queda tiempo para su comercialización masiva, pero la tecnología se va democratizando. Una vez arranca acaba llegando porque al final a lo que todos vamos es a optimizar los procesos de trabajo y eso también pasa en el sector agrícola”, afirma.

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TECNOLOGÍA

Esta app quiere digitalizar a líneas de autobuses en México

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El Financiero – Aldo Munguía

Reservamos, aplicación de agenda y compra de boletos de autobús en México, busca digitalizar a 20 líneas de autobuses locales al cierre de 2019 para incrementar sus ventas y dar a los viajeros opciones de viaje en destinos turísticos como los Pueblos Mágicos.

“El plan de digitalización que tenemos para los autobuses es que cualquier línea en el país pueda estar digitalizada a través de un agregador como Reservamos o a través de su sitio web”, dijo en entrevista, Aarón Grave, director de desarrollo de la Reservamos.

Para este año, la app de e-commerce pretende duplicar el número de usuarios mensuales con respecto al año pasado e incrementar hasta en 30 por ciento el volumen de ventas.

“En términos de ventas lo que vemos es que podamos crecer hasta un 30 por ciento para nuestros proveedores, tenemos un plan agresivo para implementar mejores estrategias en ventas”, detalló Grave.

Reservamos cuenta actualmente con más de 100 líneas de autobuses y para el cierre de este año estiman cerrar con 120, además de tener identificadas a otras 30 marcas más.

La aplicación funciona como un motor de búsqueda, reserva y compra de boletos de autobús convencional, con la posibilidad de pagos a plazos, así como la oportunidad de encontrar rutas que hasta antes de su digitalización solo podían adquirirse en la terminal.

También integra a las líneas de transporte terrestre a su plataforma y aplicación, la empresa desarrolla páginas web independientes para las marcas de autobuses locales.

Además de los servicios de transporte de pasajeros, la plataforma ofrece a los usuarios la posibilidad de completar su viaje con reservaciones en plataformas como Airbnb y Booking.

“Tenemos convenio con Airbnb que es muy usado por los usuarios jóvenes, al momento que el usuario hace la búsqueda, se le complemente la oferta con Airbnb y Booking”.


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