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Las telefónicas ante el desafío de integrase a las plataformas de contenidos

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Impulso Baires

Las plataformas y la producción de contenidos audiovisuales se han vuelto un objetivo para varias empresas ajenas a la industria, como Amazon, Apple o Facebook, en lo que se convirtió en una ventana de negocios en la que las telefónicas quieren hacer pie, aunque con un futuro un tanto incierto y que depende de cada país en particular, con Movistar, Personal y Claro en Argentina.

Varios productores y actores del cine y las series, según pudo constatar Télam, ven que la cantidad de jugadores, como se les dice en la jerga, está en aumento y con capitales para invertir, aunque la explosión del bajo demanda hace que la incertidumbre reine en el flujo del dinero.

En este marco, México se ha convertido en una plaza para la producción en todo lo concerniente a América Latina: Amazon produce allí la serie sobre la vida de Diego Maradona, con lanzamiento para 2019; Netflix filma “Narcos” y Claro, que juega de local con su dueño Carlos Slim, pisa fuerte con su aplicación.
Movistar, propiedad de la española Telefónica, compró hace unos años Canal+ de España y en Sudamérica anunció, en el año que acaba de terminar, sus operaciones audiovisuales en Ecuador, Colombia, Perú y Chile, dejando en suspenso lo que sucederá en Argentina con el incipiente canal de televisión Movistar TV.
En el caso de Personal, perteneciente a la francesa Telecom y con una aplicación de poco recorrido en el país, la situación va a cambiar con la compra de Cablevisión, aunque todavía la situación no está muy clara.

El cableoperador tiene a la plataforma Flow como su diamante en bruto a pulir, con una suba exponencial de suscriptores, un aumento en las coproducciones (Turner, Underground y Polka, como sus principales socios) y el anhelo de producir en solitario.
Sin embargo, pese a que Flow ya se ha convertido en una referencia del bajo demanda local, por detrás de Netflix, desde la compañía indicaron a Télam que siguen de cerca lo que puede suceder con la aplicación de Personal, hoy poco difundida y con un sistema de pago para abonados al servicio de telefonía celular.
“Está todo abierto. La podemos nutrir de contenidos o hasta discontinuar. Este año queremos resolver esto”, dijeron, aunque algo sí está claro: con el dinero invertido en Flow, es poco probable que Personal financie producciones propias.
Aunque si se tiene en cuenta que este tipo de “servicios” son para posicionarse en el mercado y mantener a los clientes, hay que ver qué sucede con Flow. Las pruebas piloto estuvieron en el fútbol, cuando ofrecieron a los clientes de Personal ver partidos sin consumir datos.
De todas formas, con la unión Cablevisión-Telecom, el mercado quedó fuertemente apretado por esta mega empresa, que llega a tener el 80 por ciento en algunos lugares del país.
Con esta situación, Movistar lanzó en octubre Movistar TV en algunos barrios del conurbano y, dependiente de las legislaciones y el tendido de fibra óptica, la empresa de origen español ve posible invertir en el desarrollo dentro de los territorios que van del centro hacia el sur del país.
“Nos encantaría producir en Argentina, pero por el momento es algo que está en stand by. También queremos ampliar el servicio de televisión y estamos preparando la plataforma y la aplicación para Argentina. Pero es algo que depende de muchos factores”, dijeron desde la empresa.

El caso de Claro es similar, aunque la posición es de un perfil más bajo en los reclamos. También piensan en producir ficción en Argentina, aunque por el momento no lo ven factible.
En contraposición a Movistar, la empresa de Slim ya tiene plataforma para sus clientes, con contenido gratuito, pero no tiene en mente el lanzamiento de un canal. El desarrollo de Claro, que sí ofrece servicio de internet en hogares, se encuentra del centro hacia el norte del país.

Así, las telefónicas piensan que la expansión de los contenidos audiovisuales son una necesidad para mantener sus negocios, aunque esto depende de las condiciones locales y de un futuro que cambia constantemente.

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No estamos como réferis.- Estavillo

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Reforma – Alejandro González

El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) no es referí de pleitos entre empresas, es una institución que vela por el bienestar de usuarios y audiencias, afirmó María Elena Estavillo, comisionada del Pleno del regulador.

“Yo siempre procuro tenerlo en mente: nuestro fin es siempre beneficiar a los usuarios, audiencias y consumidores, para eso estamos. No estamos como réferis en pleitos entre particulares, ese no es el papel del instituto, el IFT debe velar por el interés común, el interés público”, comentó Estavillo.

A unos días de que concluye su cargo, el 28 de febrero, dijo que a una institución como el IFT es necesario defenderla con decisiones congruentes y priorizando el interés de los ciudadanos y no de empresas o actores políticos.

En entrevista, sostuvo que no están cerrados a cuestionamientos y mucho menos a rendir cuentas, pero acusó que existen acusaciones sin fundamentos.

“Creo que tenemos que entender que estamos abiertos al público, a que revisen nuestra actuación, que se nos pidan cuentas y explicar nuestras decisiones. Lo que sí sería muy sano es que esa critica siempre esté fundada”.

La aún comisionada del regulador, reconoció que aunque se ha avanzado en temas de competencia, tanto al sector de telecomunicaciones como al de radiodifusión les falta ser más competitivos.

Este año corresponde una revisión bianual de la preponderancia en telecomunicaciones y radiodifusión que evaluará diversas medidas impuestas a América Móvil y Televisa.

“La manera más directa (de defender la autonomía del IFT) es a través de nuestras decisiones, porque tenemos que aislarnos de las consideraciones políticas coyunturales para tomar decisiones”.

María Elena Estavillo, comisionada del IFT

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Compra “Candidez”, novela de Fernando Viveros Castañeda.

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Te compartimos el primer capítulo del libro “Candidez”, de Fernando Viveros Castañeda.

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Acabo de Llegar

Son las doce en punto. En esa biblioteca repleta de mitos y claroscuros, cobijado entre libros que cargan la historia sobre sus lomos, pinturas que muestran volcanes lejanos, bustos nostálgicos de bronce y fotografías de sucesos irrepetibles, Salvador Leal espera con ansiedad la llamada de Jackie Peres. Está de pie junto a los amplios ventanales, que le regalan la vista y el adictivo aroma de los fresnos, las magnolias, los amates y los ahuehuetes.

No hace mucho, todo esto le hubiera parecido una inviable fantasía. Ha sido demasiado inocente, muy cándido. Llegó a donde se encuentra sin la malicia o la sumisión a la que ella está acostumbrada. Construyó en su mente la esperanza de poder expresarle sin cortapisas su manera de ver el mundo y recibir su apoyo desinteresado, para realizar lo que, aventuradamente, se comprometió a hacer. Está en medio del con- traste entre la desbordada expectativa y el contacto con su cruda realidad.

Ella lo llama a través de su pantalla roja, y él la mira a los ojos por primera vez, con realidad aumentada; nunca lo hubiera imaginado: como si estuvieran juntos, jamás lo podría haber creído. Le encuentra parecido con mujeres de su país, aunque tenga otra historia, una cosmovisión diferente y defienda, por lo tanto, otros intereses. Escucha que le habla en su idioma y, aunque Salvador Leal finge una seguridad de la que en ese momento carece, tartamudea en la conversación, superficial y protocolaria. Le altera comunicarse digitalmente a distancia. Hubiera preferido el contacto personal, sentir la piel de su mano, ver la pupila de sus ojos, oler su cuerpo.

Ella lo observa con los párpados entrecerrados y sonríe levemente. Se sabe en control total de la conversación. Conoce a fondo la información de Salvador Leal: sus carencias, cómo piensa y qué hace, con quién habla y las palabras exactas que utiliza en su cotidianidad digital. Por eso, aunque le pudiera parecer igual a todos los que han estado en el lugar que ahora ocupa, sabe que es diferente. Una parte de él tiene un brillo fresco en los ojos, imagina un futuro distinto al presente que ahora vive y está convencido de que es posible lograrlo, a pesar de cualquier obstáculo. La fluctuación también lo habita y no se va de su mente ni de sus emociones, porque carga la pesada lápida de la incertidumbre y, por eso, se cuida con el autoexilio del silencio a la medida, del mudo despecho y la agridulce ironía. Transita en un permanente vaivén entre la candidez y la desconfianza, entre querer quedarse y tener, fatalmente, que despedirse. Usa el alarde como único remedio y vive con la ilusión de poder llegar a curarse de su pasado, envolviéndose en su bandera y arrojándose al vacío.

Ya no cree en sus propios mitos, ni en sus leyendas, ni en los héroes que le hicieron venerar. Imagina que la historia fue otra y, sobre todo, que puede cambiar la vida que tiene enfrente. No se resigna a la melancolía del recuerdo de su región, desgarrada por fronteras amuralladas, de sus familias rotas y de este amargo sinsentido que percibe. Por eso, aspira a reinventar una historia y a construir un futuro anunciado, aunque no entienda la magnitud de los retos y las amenazas a su alrededor. No obstante, sigue siendo propenso a respirar rápido y querer acción, al sentir en su pecho la vibración de los tronidos que anuncian sus tormentas interiores.

Jackie Peres entra al grano y le menciona, sin mayores preámbulos, que le ha tocado llegar a esa biblioteca en unos años de cambio profundo en la historia de la humanidad. Que la realidad se modifica de manera vertiginosa y que, para ella, es necesario que Salvador Leal comparta su visión de futuro. Que, en su país, el desarrollo tecnológico crece de manera exponencial, porque busca ampliar las posibilidades humanas.

—Presidente Leal, le estoy hablando de un proceso que no se puede detener, porque ya tiene vida propia. Tanto su país como el mundo entero tendrán que adaptarse para sobrevivir en esta nueva etapa de evolución —le dice con rapidez.

—Bueno, la tecnología ha jugado un papel importante en la civilización; mientras esta se dirija a beneficiar a la gente, para nosotros no habría inconveniente —responde Salvador Leal.

—Eso es justo lo que queremos: lograr ese bienestar, pro- longar la vida humana con más capacidades y hacer que la gente se perciba feliz.

Ella se levanta de su silla y se para atrás de su asiento. Toma con las dos manos el respaldo y dice, mirando a la cámara, que defienden su derecho a vivir y, por lo tanto, utilizan la biotecnología necesaria para extender lo más posible la vida e incorporar en el organismo dispositivos que potencien las posibilidades del cuerpo y la mente y equilibren bioquímicamente sus expectativas y placeres.

—Aunque lo que usted plantea pudiera parecer atractivo, creo que todavía, a pesar de los logros que se han alcanzado, existe desigualdad en gran parte del planeta y sigue habiendo desnutrición, enfermedades y muertes violentas. Considero que los recursos y la cooperación entre nuestros países deberían destinarse a solucionar estos problemas, antes que avanzar en los proyectos que usted menciona —replica Salvador Leal con ingenuidad.

—No podemos esperar. Los grandes problemas, en compa- ración a épocas pasadas, se han ido solucionando, y lo harán más deprisa con la tecnología que sin ella. La desigualdad se ha dado siempre, desde quien poseía el fuego en la época de las cavernas hasta quien controla hoy las tecnologías y la inteligencia artificial.

—Prolongar nuestra expectativa de vida tendría muchas consecuencias. ¿Cómo será vivir ciento sesenta años en la vida diaria? ¿Se extenderían también los términos de la educación, de la duración del trabajo y de los gobernantes, de la jubilación, del consumo, del matrimonio? ¿Cómo se cubriría el gasto de los servicios públicos, la alimentación, la vivienda, el transporte para más población? —le pregunta Salvador Leal, nervioso y tartamudeando.

—Lo que le he planteado es nuestro objetivo principal. Seguiremos avanzando sin detenernos, porque cada paso que logremos nos llevará al siguiente. Mientras más consumidores haya, mejor para la economía —responde ella con firmeza—. Lo demás son cambios propios de la evolución y habrá que adaptarse a ellos. Entre vivir y morir, elegimos seguir viviendo. No hay ninguna duda.

—No se podrá evitar caer en el barril sin fondo de expectativas. Cuanto más se logre, más se querrá, con la consiguiente frustración y ansiedad. Viviremos siempre insatisfechos.

—La bioquímica, junto con el recuerdo de la sensación de momentos agradables, nos ayudará para que la gente siga activa y en orden, produciendo, y que esto los haga sentirse a gusto y contentos. En resumen, se trata de vivir mucho, mejor y con placer, para seguir consumiendo. Esa es nuestra prioridad —concluye Jackie Peres—. Mi asesor principal, Ron Kouspensky, conversará con usted para que le explique uno de los programas trascendentales para la vida del planeta que estamos impulsando y los apoyos que necesito de usted para reducir resistencias en la región iberoamericana. Estoy segura de que usted no olvidará que su país subsiste por el apoyo que le brindamos en armamento, capacitación e inteligencia, para combatir a los cárteles del crimen organizado que han padecido durante las últimas décadas. Le pido que lo reciba a la mayor brevedad posible y lo escuche con atención. Esto es un asunto de la mayor relevancia para el planeta. Estaremos en contacto, presidente Leal.

El contenido del planteamiento de Jackie Peres pudo haber sido sobre cualquier tema, no importa. Lo que le incomoda es la forma en la que se lo comunicó. Salvador Leal no puede soportar las imposiciones. No le gusta que lo controlen, que le den instrucciones, que le digan qué es lo que tiene que hacer. Es rebelde de nacimiento. Desde niño, ha estado acostumbra- do a desobedecer, a seguir su instinto. Confía ciegamente en sus intuiciones. Ha comprobado una y otra vez la veracidad de la voz interna que lo aconseja y ha sufrido también las fatales consecuencias de ignorarla. No puede hacer reverencias ni estar de acuerdo sin expresar lo que piensa y lo que siente, sin tener la oportunidad de demostrar las conveniencias prácticas de lo que defiende. Necesita, desde su entraña, libertad para ser congruente. No puede fingir ni conceder por conveniencia social, ni mucho menos por corrección política.

No obstante, está aprendiendo a manejar sus tiempos y a dosificar sus impulsos. Sabe que no puede oponerse a conocer el contenido del programa, recabar toda la información posible, definir una estrategia a seguir y concertar alianzas que le permitan contrarrestar la imposición de Jackie Peres. Controla su respiración y guarda silencio. Observa el rostro de ella y nota que, detrás de esa cara autoritaria y llena de poder, hay una sonrisa ingenua que le despierta curiosidad. Se despide con el ímpetu de querer hacer mucho, la impotencia de no saber con detalle cómo, pero con su inexplicable obsesión de nunca darse por vencido.

 

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Trailer: Novela Candidez de Fernando Viveros Castañeda

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Primera novela en español sobre la singularidad tecnológica y los dilemas de la vida hipermoderna.

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