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ANÁLISIS

Apple versus Qualcomm: un duelo de titanes

Gonzalo Ruiz Díaz

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Durante los últimos años, dos gigantes de la industria, Apple y Qualcomm, mantienen una batalla legal en torno a las licencias por el uso de patentes por el uso de sus baseband chips, componentes de los equipos celulares que posibilitan las comunicaciones mediante  tecnologías CDMA o LTE. La pugna entre ambos colosos de la tecnología plantea diversas interrogantes respecto al rol que juega el sistema de patentes como mecanismo de incentivo a inversiones en investigación y desarrollo, así como sus efectos sobre la competencia en los mercados.

Con ingresos por más de 22.3 mil millones de dólares (2017), Qualcomm es en la actualidad una de las empresas líderes en el mundo de la tecnología, destacando particularmente por su aporte en el desarrollo de circuitos integrados (o chips) y semiconductores.

Uno de sus productos más valorados por la industria móvil son los denominados baseband chips, dispositivos que concentran todas las funciones de una antena de radio y que posibilitan la conexión de los equipos celulares con las redes de telecomunicaciones. Qualcomm es uno de los actores más importantes en este mercado, concentrando en el caso de chips LTE cerca de 70 por ciento del total de ingresos a nivel mundial.[1]

Uno de los pilares de la estrategia comercial seguida por Qualcomm ha sido el cobro de regalías por el licenciamiento de sus productos patentados. Su modelo de negocio basado en la política denominada no licence – no chip busca asegurarle a la empresa un flujo continuo de ingresos, producto de las ventas realizadas por sus clientes, entre los cuales figuran los grandes fabricantes de equipos móviles, entre ellos Apple.

Apple, otro gigante de la industria, con ingresos de casi 230 mil millones de dólares (2017), concentra 43 por ciento del mercado de tabletas a nivel mundial.[2] Una alta proporción de sus tablets y smartphones utilizan baseband chips de Qualcomm. Durante los últimos años Apple, así como las autoridades de competencia de varios países, han reclamado públicamente que las políticas de licenciamiento utilizadas por Qualcomm van más allá del estándar considerado como “justo, razonable y no discriminatorio (FRAND, por sus siglas en inglés)”.

A continuación presentamos algunos de los casos más destacados y algunas reflexiones en torno al futuro de modelos de negocio basados en el licenciamiento de tecnologías.

Fuego cruzado de denuncias

Si bien las controversias entre las dos empresas son de larga data, un primer caso que destaca de manera importante fue el acuerdo al que se sometió Qualcomm en China con la autoridad encargada de aplicar la ley antimonopolios (National Development and Reform Commission’s (NDRC)), mediante el pago de una multa de 975 millones de dólares en 2015. El caso surgió en respuesta a reclamos por parte de diversos productores chinos como Xiaomi Technology y Huawei Technologies, respecto de las políticas de licenciamiento que venía implementando Qualcomm, mediante las cuales cobraba sus regalías como un porcentaje de los precios al público de los aparatos móviles.[3] Parte del acuerdo con la NDRC consistió en que la base de cobro de dichas regalías se reduciría del 100 al 65 por ciento del precio final cobrado por las empresas chinas.

Posteriormente, a fines de 2016, la autoridad de competencia surcoreana (Korean Fair Trade Commission) impuso una sanción a Qualcomm por prácticas de licenciamiento contrarias a la libre competencia. En particular, la agencia de competencia motivó su decisión en los perjuicios que puede ocasionar sobre la competencia y la difusión de los beneficios de la tecnología el uso del sistema de regalías sobre licencias de patentes, más allá de los estándares FRAND. En este caso, la KFTC hizo suyos los reclamos de diversos agentes de la industria, entre ellos, Apple, respecto de las altas regalías aplicadas por Qualcomm por el uso de sus baseband chips, imponiéndole una multa de 854 millones de dólares.

Al mismo tiempo, hacia finales de 2016 en Estados Unidos iniciaron una serie de acciones legales vinculadas al caso. La Federal Trade Commission (FTC) planea una demanda contra Qualcomm por incurrir en conductas anticompetitivas al condicionar la reducción en el pago de sus regalías al compromiso por parte de sus clientes de no utilizar chips de sus competidores.

Posteriormente, se suma a dicha denuncia una demanda de Apple contra Qualcomm por mil millones de dólares. Sin embargo, la respuesta no se dejó esperar. A mediados de 2017, Qualcomm entabló una demanda en contra de Apple por infringir seis patentes correspondientes a sus procesadores y tecnologías que permitan aumentar la duración de la vida de las baterías, solicitando a las autoridades norteamericanas, entre otros aspectos, una medida cautelar que prohíba las importaciones de IPhone.[4]

Apple, por su parte, en noviembre denunció a Qualcomm, acusándolo de que uno de sus procesadores emblemáticos llamado Snapdragon, copiaba tecnologías contenidas en sus patentes vinculadas con el ahorro de energía.[5]

También en 2017, la autoridad de competencia Taiwanesa (Taiwan Fair Trade Commission) anunció la imposición a Qualcomm de una multa de 774 millones de dólares tanto por los efectos anticompetitivos de sus políticas de regalías como por la negativa en atender solicitudes de licenciamiento de otros operadores del mercado.

Por último, en enero de 2018, la Comisión Europea (CE) sancionó a Qualcomm con una multa de 997 millones de euros, por abuso de posición dominante en el mercado de baseband chips LTE. La CE señaló que desde 2011 Qualcomm había suscrito un acuerdo con Apple, mediante el cual le pagaba montos significativos a esta última a cambio de utilizar con carácter exclusivo sus baseband chips en los dispositivos IPhone e iPad. El acuerdo precisaba que los pagos dejarían de hacerse en caso de que Apple vendiera dispositivos con chips fabricados por otro competidor. Según la CE, esta práctica afectó de manera significativa la competencia, impidiendo que un jugador importante de la industria como Apple pudiera considerar adquirir equipos de su competidor directo, Intel, incurriendo en una conducta anticompetitiva y exclusoria. La mayoría de las denuncias mencionadas han sido apeladas por Qualcomm, por lo que buena parte de los casos reseñados aún continúan en trámite.

¿Punto de quiebre del modelo de negocio?

Sin duda, la ola de denuncias vinculadas con las políticas de licenciamiento de patentes de Qualcomm plantea interrogantes respecto de la viabilidad futura de este modelo de negocio. Por un lado, resulta totalmente genuino que las empresas innovadoras reciban una compensación adecuada por sus inversiones en I&D y que exista un férreo enforcement de los derechos de propiedad intelectual.

No obstante, la promoción de la innovación debe armonizarse con otros objetivos regulatorios, como la promoción de la competencia. Las políticas de patentes han sido diseñadas no sólo para proteger la innovación sino para garantizar que la sociedad pueda aprovechar los beneficios derivados de la generación de nuevas tecnologías.

Por su parte, la protección de la competencia no sólo garantiza menores precios para los consumidores sino que los beneficios de los nuevos productos que se lanzan al mercado puedan ser aprovechados por toda la sociedad.

En este caso, es importante resaltar que el centro de la polémica no está en la práctica del cobro de regalías, la cual es muy común en los mercados de tecnología, sino en el uso de dichas políticas para bloquear o desincentivar la participación de competidores.

Todo parece indicar que las políticas bajo cuestionamiento en varios países deberán ser reformuladas. Ello no debería ser un obstáculo para un gigante de la tecnología como Quallcomm. Su CEO, Steve Mollenkopf, ha señalado “nos fascina la tecnología y siempre trabajamos para impulsarla. Nuestro trabajo es ser impacientes. Ese es nuestro rol en la industria móvil y nuestro futuro”.[6]

En efecto, Qualcomm ha protagonizado una historia de liderazgo tecnológico cuyo éxito no debería estar supeditado a prácticas que colisionen con la libre competencia.

 

[1] European Commission (2018) “Case 8303-Qualcomm /NXP Semiconductors”, DG Competition. http://ec.europa.eu/competition/elojade/isef/case_details.cfm?proc_code=2_M_8306

[2] Russel, Jon ‘Apple continues to dominate the table market as sales decline once again’,

[3] Noel RandewichMatthew Miller ‘Qualcomm to pay $975 million to resolve China antitrust dispute’ https://www.reuters.com/article/us-china-qualcomm/qualcomm-to-pay-975-million-to-resolve-china-antitrust-dispute-idUSKBN0LD2EL20150210

[4] Anita Balakrishnan (2017) ‘Qualcomm seeks to ban imports and sales of Apple iPhones in new lawsuit’, CNBS https://www.cnbc.com/2017/07/06/qualcomm-sues-over-alleged-apple-iphone-patent-infringement.html

[5] Jon Fingas (2017) ‘Apple sues Qualcomm for violating chip patents‘, www.engadget.com/2017/11/29/apple-sues-qualcomm-over-mobile-chip-patents/

[6] www.qualcomm.com/company/about

Gonzalo Ruiz Díaz fue presidente del Consejo Directivo Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (Osiptel) de Perú.

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¿Cuál es el verdadero valor de la nube para los negocios?

María Rosas Casillas

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Hoy nos enfrentamos a una economía diversificada, donde los mercados y audiencias se multiplican con necesidades cada vez más específicas y donde la digitalización ha gestado una oferta competitiva que crece rápidamente tratando de atender estas nuevas demandas. Según un estudio que realizó el Instituto de Valores de Negocio de IBM, para 2020, el 90 por ciento de los modelos de negocios van a necesitar estar en la nube para ser competitivos y afrontar los retos que impondrá la economía digital. 

En los últimos años la nube ha revolucionado y potencializado los negocios por sus múltiples beneficios: eliminar los altos costos que conllevaba comprar hardware y software para almacenar grandes cantidades de datos; la gran escalabilidad, es decir, atraviesa fronteras y la información en la nube puede ser utilizada en cualquier latitud. Asimismo, ha mitigado el tiempo que antes se invertía en almacenar y distribuir información y brinda confianza y seguridad al permitir recuperar información con mayor facilidad.

Pero va más allá de eso, hoy en día, la nube está mejorando y permitiendo la innovación como nunca antes, porque es sólo ahora que la nube proporciona a la Inteligencia Artificial y el aprendizaje automatizado análisis de data con bajo costo, almacenamiento virtualmente infinito y procesamiento de datos a alta velocidad.

En este contexto, la forma como las empresas están constituidas en la actualidad puede verse mejorada de manera exponencial si las cargas de trabajo se trasladaran a la nube. Y es que con servicios que dan un gran impulso a las corporaciones como Inteligencia Artificial, blockchain y análisis de datos, la nube necesita de un trato especial enfocado a las empresas, desde un grado de seguridad empresarial para mantener toda la información clasificada, hasta la apertura de portabilidad de datos y aplicaciones que sean compatibles con entornos en ella.

A este modelo se le conoce como Nube Híbrida y, según un estudio, 98 por ciento de las organizaciones planean pasar del cloud al multicloud híbrido dentro de tres años.

Quizá todo este proceso se escuche abrumador, pero en realidad su implementación no es el mayor reto al que nos enfrentamos. Una vez implementado, la unificación y el manejo de varios proveedores de nube puede llegar a ser muy complejo, incluso para empresas que tienen un proceso avanzado en términos de transformación digital.

Es por lo anterior que IBM lanzó nuevas herramientas y servicios de nube híbrida diseñados para ayudar a las empresas a explorar fácilmente las complejidades de este nuevo panorama y de una manera más sencilla, migrar, integrar y administrar aplicaciones y cargas de trabajo con todo lo necesario para que pueda existir tanto en una nube pública o privada.

Con esto, no sólo rompemos las barreras en cuanto a la posibilidad de integrar Inteligencia Artificial a las empresas, al permitir el uso de diferentes servicios de nube a través de la plataforma IBM Cloud Private for Data, sino que aquellas compañías que cuenten con sus finanzas, datos de sus consumidores e inventario en diferentes nubes tendrán todo integrado en un solo lugar que, además, es bastante ameno en su interfaz de uso.

Esto sólo se traduce en beneficios para las compañías, pues si sumamos las capacidades de la Inteligencia Artificial en la nube, los beneficios se triplican ya que las ventas pueden aumentar y los gastos se pueden reducir significativamente.

Es evidente que hoy cobra relevancia la interoperabilidad entre nubes, incluso las que provienen de diferentes compañías, para así promover sistemas abiertos, fáciles de implementar y seguros que generen confianza en la tecnología. Así pues, apostar por la apertura beneficia a las compañías en su proceso de transformación digital, facilita la creación de aplicaciones y plataformas, reduce costos y le da un verdadero valor a los negocios.  

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América Latina y la guerra 4.0

Rodrigo Ramírez Pino

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La disputa comercial entre Estados Unidos y China ha revelado una nueva derivada de la tensión entre ambas potencias: la guerra 4.0 o la lucha por la hegemonía tecnológica del siglo XXI. Su primera batalla es quién obtiene el dominio tecnológico en el despliegue de las redes y servicios 5G.

La administración Trump puso en el centro de su ataque a Huawei, partiendo con la detención en Canadá de su directora financiera, acusando a la compañía de robo tecnológico y generando la sospecha global de espionaje y del mal uso de la información que haría la empresa China.

Hasta ahora, un par de países, que hace rato quedaron en la periferia del desarrollo de las plataformas tecnológicas, han recogido las sugerencias de Estados Unidos y han vetado a la compañía, bloqueado su participación en el mercado interno y han ido eliminando sus componentes de la red de comunicación móvil.

Lo cierto que aún no se conoce evidencia de esas acusaciones y Huawei sigue avanzando como referente del desarrollo de la arquitectura digital global.

Lo que esconden estas acusaciones es un enfrentamiento tecnológico de nueva generación, donde Occidente corre el riesgo de perder el liderazgo histórico de la innovación y el predominio del desarrollo de tecnologías, cediendo esta supremacía a manos de nuevos desafiantes y actores emergentes, en especial de China, que pasó de ser el paraíso de la copia y de la mala imitación a un gigante tecnológico mundial.

El país de Asia Oriental definió que su futuro dependía, en parte, del desarrollo de sectores claves de la economía y, para ello, y por su independencia, debía aplicar una alta tecnología para modernizar su base manufacturera, la robótica, la biogenética, los vehículos alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la Inteligencia Artificial, la tecnología de la información, las redes de infraestructura.

En esta misma dirección avanza Corea e India. Las plataformas supranacionales Google, Amazon, Facebook y Apple lo saben hace rato.

La supremacía por liderar la revolución digital tiene en 5G su primera gran batalla emblemática. En el imaginario se instaló que quien primero conquiste esta nueva generación tecnológica tendrá el dominio y control del nervio central de la fábrica del futuro, de la industria inteligente, de la Inteligencia Artificial, Internet de las cosas; la salud digital, ciberseguridad, el control de las ciudades inteligentes, la movilidad y la energía.

El flujo del tránsito, el despliegue de nueva infraestructura, la conectividad masiva de dispositivos, sensores y artefactos y la gestión del transporte urbano; la llave maestra de la economía digital, la creación de nuevos empleos y la atracción de los fondos de inversión, el poder de la sustitución de los bienes y servicios tradicionales por sus equivalentes digitales. 

En medio de esta tensión geotecnológica, América Latina estará obligada a tomar partido y no debe dejarse intimidar. Mientras un par de países promueven el veto, el bloqueo, la restricción y la hegemonía tecnológica, nuestra región debe ser el referente de la neutralidad tecnológica, la igualdad de concurrencia de operadores, fabricantes, integradores, proveedores, agregadores, beneficiarse de esa oferta y generar las condiciones para que ocurra esa competencia.

La región debe aprovechar el contexto y construir una visión digital latinoamericana propia e independiente, que exprese el qué, cómo y dónde queremos estar en esta revolución digital, avanzar en el espacio digital común, de un mercado regional compartido, en la integración de los países para promover desarrollo, seguridad y confianza.

América Latina debe jugar un papel en la nueva gobernanza para la era digital, para ello debe tomárselo seriamente, mejorar las capacidades técnicas, ajustar los marcos regulatorios y construir una arquitectura legal que promueva la participación satisfactoria de cada país en este nuevo ecosistema. 

El proteccionismo no es un valor ni un aporte para el progreso de las naciones del continente. América Latina sabe quién termina pagando los costos de una guerra ajena, sabe quién termina recibiendo tecnologías de segunda mano, cerradas y amarradas a proveedores únicos.

América Latina sabe lo que implica que el ecosistema 5G llegue dividido a conquistar este territorio. Sabemos que significa retraso, marginación y exclusión.

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Disney–Fox y la televisión restringida en México

Ramiro Tovar

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Alrededor del caso Disney–Fox se ha generado una discusión que omite varios aspectos fundamentales que, de considerarse, disminuirían las especulaciones e interpretaciones entre el coro de columnistas y editorialistas en los medios. Tales aspectos son los siguientes, a consideración de quien suscribe:

  1. Que es una transacción con causas de origen y efectos globales que responde a la evolución de la estructura de los mercados de propiedad, desarrollo y producción, comercialización y distribución de contenidos, en respuesta a las actuales y futuras plataformas digitales. En particular, en respuesta al advenimiento de competidores basados en servicios OTT (Over-the-top) como Amazon y Netflix. Disney tendrá un portafolio de contenidos que incluirán desde X-Men, Avatar, Toy Story, Mickey Mouse, hasta Marvel, National Geographic, Star Wars y el archivo legendario de películas de la 21th Century Fox. La rivalidad a no perder de vista es Disney vs. Comcast (que adquirió NBC Universal) e incluso con AT&T que adquirió Time Warner.
  2. Que cualquier condicionamiento que se imponga a la transacción de referencia debe de subordinarse a los tratados internacionales, en este caso todavía el TLCAN y en el corto plazo con USMCA o T-MEC, recientemente negociado, y que deberá ser ratificado por los congresos de los tres países, México, Estados Unidos y Canadá, en fecha próxima.
  3. Que en México no hay convergencia plena. La regulación ha protegido al operador que concentra el mercado. Históricamente, ha existido un obstáculo a la competencia en televisión restringida que es singular respecto de cualquier otra jurisdicción nacional. Adicionalmente, esta plataforma de distribución basada en cable coaxial se encuentra protegida de la competencia potencial que le representaría la más extensa red de telecomunicaciones (DSL-FTTH) existente, Telmex, que sin duda ejercería presión competitiva que se traduciría en mejor oferta, más contenidos y menores precios (la TV de paga es el único servicio de telecomunicaciones que en lugar de bajar precios, sistemáticamente van a la alza) en beneficio de los usuarios.
  4. Que hasta la entrada de filiales de canales deportivos de productores no integrados a concesionarios de televisión en el país (Claro Sports, Fox Sports, ESPN), diferentes a los integrados a los contenidos producidos por Grupo Televisa, la competencia por la adquisición y transmisión de tales eventos en exclusiva era inexistente.  La posición dominante de tal agente económico en la operación de sistemas de cable en el país y la integración de canales deportivos, propiedad y exclusividad de eventos y clubes deportivos, son parte de su todavía persistente poder de mercado en televisión de paga y factor determinante en su poder de negociación en dos ámbitos: 1) nacional, frente a operadores independientes de sistemas de televisión restringida (cable o satelital) al proveerles de contenidos en términos y condiciones no competitivos y 2) respecto de los proveedores de contenidos extranjeros que contrata en exclusiva, en ambos casos, los menos favorecidos son los operadores independientes que tienen que pagar sobreprecios por esos contenidos que Televisa tiene en exclusividad.

La resolución de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) respeto al caso Disney-Fox muestra una aplicación limitada de los criterios de competencia económica de la legislación nacional respecto de la consistencia con lo resuelto por otras autoridades en la materia en el resto del mundo.

La transacción de referencia ha sido aprobada en todo el mundo, sujeta a algunas condiciones, tanto en Estados Unidos como en Europa, China e India. Tales condiciones se han limitado a la desincorporación de la trasmisión de eventos deportivos locales o de relaciones contractuales como agentes de distribución de películas como proveedores en el mercado de exhibidores de cine como en el caso de México.

El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) tiene que pronunciarse sobre los efectos de esta operación en los sectores de telecomunicaciones y radiodifusión.

Sin embargo, ni Disney ni Fox son concesionarios de redes públicas de telecomunicaciones o concesionarios de sistemas de radiodifusión, ni son accionistas en alguno de ellos, por lo que el IFT no podrá ir más allá de lo que la Cofece ha resuelto aplicando los criterios de la Ley Federal de Competencia Económica (LFCE) respecto al análisis con fines preventivos de las adquisiciones o fusiones entre agentes económicos.

El IFT, adicionalmente, podría actuar respecto de sus facultades asociadas a “derechos de las audiencias”, pero para ello no requiere, ni podría, resolver medidas tales como condicionar la transacción a desincorporación de activos o imponer ciertas restricciones contractuales en sus relaciones con concesionarios de telecomunicaciones o radiodifusión.

Este caso una es clara evidencia del conflicto competencial y de la incertidumbre que puede generar la existencia de ambos órganos autónomos reguladores en materia de competencia.

La salida a lo que implica esta operación no es el artículo 5º de la LFCE que establece que sólo una entidad, entre la Cofece y el IFT, tendrá competencia en un caso que conozca una u otra, y que serán los Tribunales Colegiados de Circuito Especializados en Materia de Competencia Económica, Radiodifusión y Telecomunicaciones, los que fijarán a cuál le corresponde el caso, pues las facultades y atribuciones de una y otro son distintas.

Por ejemplo, la Cofece es competente y se ha pronunciado respecto de esta operación en los mercados de: a) distribución de películas para salas de cine; b) licenciamiento de contenidos y música para entretenimiento en el hogar para su adquisición y descarga directa; c) entretenimiento en vivo; d) licenciamientos de derechos de propiedad intelectual para libros, revistas, videojuegos, entre otros, pero no así para los efectos de la operación en las  redes de telecomunicaciones.

Por otra parte, en los eventos deportivos, Fox Sports es una alternativa a los canales de televisión restringida de tal género de contenidos pero que están integrados al mayor operador de sistemas de cable del país.

La existencia de contenidos deportivos de producción independiente ha incrementado la variedad y la diversidad de opiniones alrededor de tales eventos. Desincorporar la cobertura de eventos deportivos nacionales producidos por Fox significaría una regresión en la competencia y, por lo tanto, pérdida de variedad en dicho segmento de contenidos.

Al respecto, el Presidente López Obrador expresó: “lo que más me preocupa es que se cobre por ver el futbol, no es mi deporte favorito, pero sí mucha gente ve el futbol, no vaya a suceder de que se dé una autorización que afecte a los consumidores, a los aficionados del futbol”… ”Si afectan al futbol pues no, que se revise este asunto, que se discuta, que se debata; sí son organismos autónomos, pero no son infalibles, no son como el castillo de la pureza, que se vea qué están haciendo y todos tenemos derecho a conocerlo”.

Con tal preocupación en la mira, la operación Disney–Fox puede aumentar su poder de negociación como proveedores de contenidos frente al dominio de operadores de cable como Grupo Televisa, que han ejercido poder sustancial de facto en la distribución y transmisión de eventos deportivos por sus canales abiertos y restringidos, lo que ha derivado en tratamientos diferenciados entre los sistemas de cable integrados e independientes y la persistencia de rentas supra competitivas en el servicio de televisión restringida. Con ello, ha apalancado mayores márgenes dado que el aumento real en las tarifas aplicadas a sus suscriptores es menor que el incremento real en la adquisición de contenidos y programación de entidades nacionales independientes y extrajeras, como son Disney y Fox.

Si el objetivo es menores precios en televisión restringida, incluidos eventos deportivos, y programación exclusiva, se debe antes eliminar la añeja barrera a la entrada a la convergencia de servicios (triple play), permitiendo la concurrencia a todas las redes de telecomunicaciones basadas en cualquier tipo de plataforma tecnológica (DSL, FTTH, móvil, satelital o híbridas).

Tal es el obstáculo de relevancia, antes que esperar resoluciones que favorezcan la posición negociadora de los protegidos por dicha barrera a la entrada desde principios de los años noventa, y que han estado explotando la excepción del artículo 9º transitorio de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, respecto al debido proceso de análisis de competencia en sus adquisiciones de sistemas de cable por todo el territorio nacional.

No desviemos la mirada de donde existe realmente un impedimento a la competencia: la permanencia de privilegios injustificados a quienes pueden ofrecer triple play y quienes no; así como tampoco respecto a que la competencia global se dirige al streaming o servicios OTT, por lo que la convergencia de servicios para todas las redes es una condición necesaria.

Sin duda, la solución en México es la tan dilatada pero tan necesaria como anhelada convergencia plena, antes que cualquier otra.

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